viernes, 20 de febrero de 2026

PACTO NACIONAL POR EL DESFASE SALARIAL (Vicepresidente Sindicato PIDE)

 

En este repentino atardecer que hoy trae la lluvia, andaba yo devorando extractos de novelas impecables para seleccionar aquella a la que, en primer lugar, dedicar el tiempo de descanso que lo laboral me deja. Pero se torció la tarde.

Maldita sea mi suerte, porque justo cuando estaba a punto de entrar en trance (como paso previo e indispensable para afrontar la exigente concentración que requieren lecturas tan magras), en un descuido presté atención a un comunicado sindical que me asaltó en una red social, apenas un segundo antes de desconectarme de su diabólica presencia.

 Me encuentro a un sindicato diciendo que gracias a ellos los funcionarios han cobrado en enero un 4% más y, además, su sueldo se incrementará un 11,8 % hasta 2028. Y me digo: «Pero bueno, si hace un par de días otro sindicato distinto ha dicho lo mismo».

 Pienso que estos sindicatos están muy perdidos o muy sometidos al poder. Que compitan para presentarse como los artífices de un acuerdo tan miserable —que no cubre ni remotamente lo que los funcionarios hemos perdido— constituye, como mínimo, la apoteosis del fracaso sindical.

Los sindicatos tradicionales están demasiado cerca del poder y, por ello, han perdido la razón. En su deriva, escenifican un mal acuerdo e intentan hacerlo pasar por bueno. Enaltecen una subida salarial en diferido del 11,4 % hasta 2028, cuando hemos perdido un 25 % de poder adquisitivo en los últimos quince años.

  En definitiva, lo que han hecho es cronificar el desfase salarial de los funcionarios. Esa es su gran “victoria”. Este mal acuerdo nos perseguirá hasta 2028, y alentará a otros similares posteriormente. Piensan los perpetradores que cobrar un poco más este mes que los anteriores, nos hará olvidar todo lo que nos deben. Conformarse con migajas, no es una opción.

 Afortunadamente, los funcionarios mantenemos los ojos abiertos, la conciencia clara y la moral intacta para seguir luchando, con la certeza de contar con la información necesaria para no dejarnos engañar por aquello que tiene más brillo que metal.

Y ellos, los perpetradores sindicales y gubernamentales, seguirán con sus contubernios, con sus desacuerdos pactados, con sus acuerdos preacordados. Nada hace pensar que esta dinámica vaya a cambiar, porque, en realidad, todos ellos son tripulantes de la misma nave; mientras que los demás somos atareados ciudadanos docentes devorados por las tareas, caídos en desgracia por la burocracia, quemados por la pérdida de respeto de la que somos objeto… y por tanta distopía en la que la educación ha entrado de lleno.