La negociación cobra sentido cuando se traduce en mejoras para las personas a las que representa
El objetivo último de una negociación es alcanzar acuerdos beneficiosos, con independencia de qué partido esté al frente del Gobierno en cada momento. Un acuerdo es ambicioso si entre los objetivos cohabitan medidas de mejora económica y no económica, consiguiendo con ello que el acuerdo final sea transversal, para que el sistema en su conjunto se beneficie. Un acuerdo amplio incluirá siempre medidas que se podrán aplicar de inmediato y otras que requieren necesariamente de un desarrollo normativo y negociador en mesas técnicas para su concreción. Por tanto, es imposible que todas las medidas incluidas en este tipo de acuerdos se materialicen de la misma manera ni en el mismo plazo.
Hay un elemento especialmente importante: el acuerdo establece una comisión de seguimiento, por lo que existe un mecanismo para controlar y evaluar los avances, abordar las cuestiones que necesiten desarrollo y aplicar, si es necesario, las correcciones requeridas para su cumplimiento. De tal forma que, si se detecta que el acuerdo no transita por el camino indicado, pueda corregirse el rumbo e, incluso, parar la negociación e instar a la consejería a retomar su compromiso bajo la "amenaza" de romper con ella y retomar las protestas.
Un acuerdo abierto y poliédrico, con muchas caras, cada una de las cuales constituye una ventana de oportunidad y que, por añadidura, tiene una naturaleza híbrida, posee una dimensión telúrica capaz de remover buena parte del sistema. Los sindicatos de la Mesa Sectorial tenemos la obligación de actuar con independencia de cualquier circunstancia política, poniendo siempre el acento en la defensa de los intereses del profesorado, garantizando que el acuerdo cumpla sus mínimos y siendo capaces, además, de mejorarlo durante el transcurso de la negociación.
Por tanto, deslegitimar el conjunto del acuerdo por su naturaleza coral y por el hecho de que cada medida pueda avanzar a una velocidad diferente durante la negociación constituye un error. Esta deslegitimación puede ser fruto del desconocimiento de la complejidad de estos procesos negociadores, algo perfectamente comprensible en quien no se dedica a tales menesteres, o responder a una intencionalidad menos inocente, como cuando alguien, a sabiendas, pretende falsear la realidad sin importarle el perjuicio que cause a los docentes, si obtiene con ello algún hipotético beneficio personal o sindical.
La negociación cobra sentido cuando se traduce en mejoras reales para las personas a las que representa. El objetivo lo tenemos claro: las espadas seguirán en alto mientras queden derechos por defender y mejoras por conquistar.