martes, 17 de septiembre de 2019

Sindicatos de clase, un "apéndice del Estado"

7 Días Extremadura
 
Sindicatos de clase, un "apéndice del Estado"

16/09/2019 Alfredo Aranda Platero
Vicepresidente del Sindicato PIDE


Desde que saborearon las mieles del dinero los sindicatos de clase siempre están ávidos de poder, de quererlo todo para ellos quedando a los demás en la intemperie. Despojan, siempre que pueden, a los sindicatos profesionales de sus derechos, con la connivencia de la Administración y, con ello, menosprecian a los trabajadores de sectores como el educativo, el sanitario o el de la Administración General que los sindicatos profesionales representan.

Estado y sindicatos institucionalizados están mutuamente parasitados y ya se han olvidado del significado de la palabra democracia; son, ahora, sindicatos defectuosos, exiliados de su propia esencia, aquella que perdieron cuando –allá por los años 80– el gobierno de turno los compró con subvenciones, ejércitos de liberados sindicales y cursos de formación, quedando inaugurada una nueva era de sindicatos a cargo de los presupuestos generales del Estado. 

Los gobiernos de turno saben que regalándoles recursos económicos y liberados les están arrancando de cuajo el alma sindical; y ellos, los sindicatos de clase desnaturalizados –vendida ya su alma al “diablo”–, abdicando de los preceptos con los que nacieron, se dejan llevar por el poder mientras escenifican teóricos enfrentamientos con el gobierno para justificarse antes sus bases.

Entre ellos se entienden, se protegen, se justifican…, se conjuran, como conspiradores vulgares, para blindar sus privilegios y así ser inmunes al escrutinio público.

Colaboradores necesarios para llevar a cabo los ominosos desmanes a los que acostumbran son aquellos, y aquellas, que están al frente de ministerios y consejerías; aquí, en Extremadura, la responsable de la Consejería de Hacienda y Administración Pública consiente que los sindicatos tradicionales marquen la hoja de ruta de la Consejería que ella, teóricamente, dirige.

Con la aquiescencia de la Consejera la Mesa General de Administración pública es un club privado al que solo acceden los sindicatos de clase: el que dice defender a los obreros, el que asegura que une a los trabajadores y el que sostiene que es independiente.

USAE, integrado por SAE, SGTEX y PIDE, vino a perturbar la tranquilidad sindical cuando en la elecciones sindicales del 4 de diciembre de 2018 recibió un enorme apoyo de funcionarios sanitarios, de administración general y docentes. El apoyo recibido se tradujo en que USAE debía entrar en el club privado de la mesa general, como segunda fuerza sindical global, y, claro, se pusieron nerviosos y vieron peligrar sus privilegios: las mamandurrias a las que los sindicatos tradicionales están enganchados como el cocainómano a su cocaína o el ladrón a los bienes ajenos.

Pese a que USAE cumple la legalidad vigente para entrar en la mesa general, nos niegan el derecho, niegan la Ley; de tal forma que USAE ha denunciado a la Junta de Extremadura por vulneración de los derechos fundamentales, cuya vista iba a ser el pasado 23 de mayo pero la Junta de Extremadura mandó un escrito al TSJex pidiendo que la demanda pasara de lo Social a lo Contencioso. Otra maniobra para dilatar todavía más la constitución de la mesa general. Flaco favor le está haciendo a la Junta de Extremadura la Consejera de Hacienda y Administraciones pública dándole la espalda a la legalidad, cosa que en un político debería estar penado, como mínimo, con el cese inmediato de su cargo.



viernes, 23 de agosto de 2019

"Hermano pobre" publicado en el Periódico Extremadura por Alfredo Aranda

Mientras los docentes se afanan, tenaces, en la difícil tarea de esculpir en los alumnos una conciencia consciente de ciudadano libre y solidario, nos encontramos, siempre, con una Administración educativa que se conforma con que el sistema educativo público sea el hermano pobre; aquel que recibe las sobras presupuestarias o las limosnas de partidas finalistas europeas, como parches insuficientes que son la expresión clara del mayor de los abandonos.

La educación pública es el pilar fundamental de la sociedad, y su única esperanza, y los docentes son el vigoroso eslabón del que todo parte; sin embargo, a la hora de dotar económicamente tan importarte tarea, las autoridades educativas miran para otro lado.

La Administración manifiesta la imposibilidad económica de aplicar la reducción horaria para mayores de 56 años en Secundaria para el curso 2019-2020, igual que nos comunicó, en su día, la imposibilidad, por razone similares, de reducir las horas lectivas en infantil y primaria, o de ofrecer licencias por estudios remuneradas, o los anticipos reintegrables o los días de asuntos particulares a pesar de que no conllevan ningún gasto a la Administración. Jamás renunciaremos a estas mejoras necesarias –y a muchas otras– para ir completando el puzzle educativo al que aún le faltan muchas piezas por encajar.

A los docentes se les pide dedicación, esfuerzo, entusiasmo…, pero a cambio lo único que le ofrece son vacuas promesas apolilladas de estar siempre cautivas en el cajón de las promesas incumplidas; como ocurre, sin ir más lejos, con la carrera profesional docente de la que siempre hablan llenándose la boca, pero por la que nunca han mostrado un verdadero interés. Y los docentes de la pública, que muestran una sobresaliente capacidad para compensar con su trabajo las carencias del sistema, se sienten poco valorados por la Administración. La desconfianza que genera esta situación tiende a enquistarse y a provocar un creciente descreimiento en los gestores de lo público que, sin pudor alguno, demuestran, en muchas ocasiones, más preocupación por la enseñanza concertada e ideologizada que por la enseñanza pública y libre; lo que constituye, en sí mismo, una contradicción execrable y una demostración palmaria de que, en realidad, todas las ideologías están sometidas al mismo dueño.

La sociedad avanza porque la educación la empuja. Las sociedades cuyo sistema educativo es muy precario –o casi inexistente– están abocadas al fracaso como pueblo, como estado, como comunidad. El país que no cubre el presupuesto necesario para dotar al sistema educativo público de los recursos necesarios, está empobreciendo su presente y su futuro.

* Vicepresidente de PIDE

domingo, 14 de julio de 2019

"El paripé como acción sindical" publicado en el Periódico Extremadura por Alfredo Aranda

Los profesores de enseñanzas medias mayores de 55 años no podrán reducir su jornada lectiva el curso que viene, salvo que los centros puedan llevarlo a cabo sin aumentar las plantillas; lo que, en la práctica, es casi imposible.

La decisión, unilateral por parte de la Administración, incumple el acuerdo alcanzado con los sindicatos. Ahora, determinados sindicatos (el que dice defender a los obreros, el que asegura que une a los trabajadores y el que sostiene que es independiente), conformado ya el tripartito sindical excluyente, hacen el paripé convocando, el día del Claustro final del pasado curso, una concentración que fue un simple «brindis al sol» y, además, en los centros en los que pudieron, se hicieron una foto grupal con el Claustro para intentar aparentar una acción sindical inexistente.

Los sindicatos tradicionales, entregados al fingimiento y a la ficción sindical, buscan la absolución de los funcionarios ante su falta de eficacia. Debe ser muy difícil compaginar la docilidad interesada de los viejos sindicatos con la defensa de los trabajadores.

De nada vale ahora que los sindicatos tradicionales quieran hacer concentraciones en verano, fotografías con camisetas reivindicativas o declaraciones lamentándose de lo que ellos mismos son corresponsables. Todas estas acciones sindicales están diseñadas para aparentar que hacen algo y descargar su culpa; al final, siempre consienten porque, en realidad, el tripartito sindical es un cinturón de protección para la Administración.

Nos son capaces de hacer cumplir a la Administración de turno los acuerdos firmados en el ámbito de los sindicatos de clase. La torpeza de los sindicatos tradicionales está en la base del problema, dado que habría sido necesario que estos exigieran a la Consejería correspondiente la pertinente memoria económica para la aplicación de la medida; pero andaban con prisa porque el actual gobierno y los sindicatos tradicionales tenían elecciones en sus correspondientes ámbitos, y este logro –después malogrado– les venía de perlas para dirigir la atención de los votantes hacia sus siglas.

Los funcionarios docentes están discriminados frente al resto de los funcionarios de la Junta de Extremadura. Mientras en el resto de los sectores de la Administración autonómica tienen reconocida, por ejemplo, la carrera profesional, los docentes ni siquiera han podido negociar nada al respecto al negarse la Consejería de Educación a cumplir los compromisos de la Mesa General.

La Junta de Extremadura está aún a tiempo de autorizar las partidas presupuestarias necesarias para planificar el aumento de plantilla funcional y poder llevar a cabo el acuerdo adquirido de reducción horaria de mayores de 55 años que se firmó antes de las elecciones de mayo, de lo contrario el mensaje que está mandando a la ciudadanía es que hay dinero para todo, menos para la educación pública.

*Vicepresidente de PIDE.

jueves, 16 de mayo de 2019

Las reglas del juego. Por Alfredo Aranda Platero. Publicado en el Periódico Extremadura

  La Consejería de Hacienda y Administración Pública y los sindicatos tradicionales forman un binomio envilecido por la costumbre del apaño, por la connivencia excluyente para apartar a quien los molesta, y por el amancebamiento provechoso de las partes.

  Asisto, casi cada día, a la consagración del nepotismo institucionalizado; al contubernio entre la Administración y los sindicatos de clase, y algún otro que se esconde tras la «i» de independiente, como si espantara así los fantasmas ideológicos que reverdecen –pues no pueden evitarlo– cuando defienden las subvenciones a la educación privada o el aumento de horas de religión en horario lectivo; ahí sí demuestran su verdadera naturaleza, la imagen real que esconden tras la máscara que ofrecen a los docentes y, en general, a todos los trabajadores.

  Las razones por las que el gobierno de turno y el tripartito sindical mantienen esa relación simbiótica tan mutuamente beneficiosa, y por la que consiguen que la Administración haga verdaderos contorsionismos normativos para favorecerlos, tienen que ver con el número de liberados que consiguen; con el dinero en subvenciones que perciben; con la manga ancha de los cursos de formación (siempre en el punto de mira de la polémica); con las tibias y escasas concentraciones que convocan, muy de tarde en tarde y en horario no laboral, para no perturbar, más allá de lo necesario, al poder que los alimenta…

  La federación USAE, integrada por SGTEX, SAE y PIDE, representa la segunda fuerza sindical en Extremadura tras las elecciones sindicales del 4 de diciembre de 2018, y por derecho propio le pertenece estar en la mesa general y en el resto de mesas de negociación. Sin embargo, estas mesas aún no se han constituido para proceder a la actualización de su composición según la nueva representación salida de las urnas, por lo que hemos denunciado a la Junta de Extremadura, ante el Tribunal Superior de Justicia, por vulneración de los derechos fundamentales.

  Que al tripartito sindical no le interesa que estemos en dichas mesas es evidente, y que la Administración quiere complacerlo, también. Otra cosa es que puedan obstruir la libertad sindical saltándose la Ley para perjudicar a un colectivo en beneficio de otro: a eso se le llama prevaricación o, en lenguaje coloquial, corrupción.

  Que un sindicato de clase necesite –permítanme el símil futbolístico– un solo gol para que le contabilicen cuatro, mientras que los sindicatos profesionales necesitamos cuatro para que nos contabilicen uno, es una perversión democrática intolerable. En las últimas elecciones sindicales al sector docente, por ejemplo, los sindicatos de clase apenas recibieron el 10% de los votos, de hecho uno de ellos ni siquiera llegó a ese porcentaje. No obstante, la norma los rescata, y finalmente tendrán todos los recursos, todos sus liberados y entrarán en todas las mesas de negociación…

  PIDE, como sindicato profesional de la enseñanza pública, obtuvo tres veces más apoyo que los sindicatos tradicionales (concretamente el 30% de los votos), si bien no nos han dejado otra opción que acudir a la justicia para que nos reconozcan los derechos inherentes al apoyo recibido.

La Administración –que consiente– y los sindicatos –que se benefician– son inasequibles a la vergüenza, que deberían sentir por no respetar la representatividad real obtenida en las elecciones sindicales. Lo cual constituye la transgresión de la regla más básica de la democracia y la prueba más fehaciente de la más que dudosa catadura moral de aquellos que --en conciliábulos excluyentes-- manejan la legalidad según sus intereses.

  Lo más democráticamente descorazonador es advertir que los sindicatos institucionalizados exhiben con falaz superioridad moral todas las prebendas que reciben. Y se arrogan, por añadidura, un carácter omnipotente por el que consideran que deben representar a los trabajadores, aunque no los voten. Lo peor es que esta falsedad se hace realidad por la complicidad normativa de la Administración. Pero que no se relajen, porque el hartazgo de la sociedad, y de los docentes, conseguirá que se les acabe el monopolio sindical y sus círculos endogámicos a través de los que se retroalimentan prostituyendo el más básico sentido democrático.

jueves, 4 de abril de 2019

8 de marzo de 2020. Por Alfredo Aranda Platero. Publicado en el Periódico Extremadura

  Si el pasado 8 de marzo de 2019 se movieron 6 millones de personas por la igualdad, el 8 de marzo de 2020 la movilización será aún mayor; porque vindicar el derecho de las mujeres a ser iguales es una obligación que no debemos descuidar ni por un momento; lo contrario sería dar pábulo a aquellos que defienden una sociedad «viejuna» que trata a las mujeres como sirvientas.

  Cuando no pocos justifican la razón por la que no apoyaron la huelga del 8 de marzo desligándose, por tanto, de las reivindicaciones que latían con una fuerza imparable en todos aquellos, que somos mayoría, que sí nos pusimos del lado de las mujeres; cuando, una vez más, los sindicatos de clase intentaron minimizar el impacto de la huelga con convocatorias de solo 2 horas de paro paralelas a las originales de 24; cuando escucho a dirigentes políticos con ínfulas presidenciales decir que no secundaron la huelga por estar politizada, y lo hacen en un escenario preelectoral secundado a sus espaldas por un nutrido grupo de mujeres del partido haciendo gestos de asentimiento con una actitud cortesana. Cuando todo eso pasa tengo la certeza de que el machismo congénito, con el que algunos, y también algunas, conviven, evidencia que queda demasiado por hacer todavía para bajar la guardia.

  La igualdad ya no tiene vuelta atrás, por mucho que se resistan los nostálgicos del patriarcado. La sociedad moderna, para ser sociedad y para ser moderna, se tiene que asentar en una igualdad real donde la discriminación esté tipificada en el código penal.

  A la sociedad española le está costando mucho salir del pozo de la discriminación; a los españoles le inyectaron en vena el germen del nacionalcatolicismo que vertebró la dictadura franquista y que tanto daño hizo a la sociedad entera, mandando a las mujeres a casa con la pata quebrada y sujetas a la voluntad de los maridos para siempre.

  El 8 de marzo de 2019 ha sido, como lo fue el de 2018, una bocanada de aire fresco, una demostración de que la mayoría de la sociedad quiere alejarse del rancio legado de los tiempos oscuros y abrazar un mundo nuevo donde cualquier tipo de discriminación este abolida y solo forme parte de los libros de historia.

  En la educación empieza todo, en casa y en la escuela. La educación mata el germen de la ignorancia que está en la base del problema; actitudes erróneas transmitidas de generación en generación, propagadas como una enfermedad infecciosa, que se asientan en la sociedad por el peso de la costumbre.

  La sociedad debe ponerse frente al espejo y ver sus errores, e intentar emanciparse de ellos para crecer libre de las doctrinas que corrompen la natural inclinación del ser humano a la equidad: un niño, libre de doctrinas calculadas, no odia, no discrimina, no margina, no excluye, no segrega… eso viene después, cuando asume de la sociedad y de la familia, por contagio, las conductas que lo alejan de su primigenia esencia.

  Sabemos qué hacer para trabajar por la igualdad desde casa y desde la escuela, lo que no le quita ni un ápice de dificultad pero allana el camino, centra el objetivo, que no es poca cosa, para afrontar el reto de llegar a una sociedad libre de discriminación. Seguimos.

jueves, 21 de marzo de 2019

Horario del siglo XXI en la escuela extremeña. Por Alfredo Aranda Platero. Publicado en el Periódico Extremadura

  Una escuela del siglo XXI no puede organizarse con un horario del siglo XIX; es algo tan evidente que no debería suscitar ninguna duda, pese a que los responsables de la Consejería de Educación de Extremadura no terminan de digerir esta obviedad; quizá, con las elecciones a la vuelta de la esquina, vean la luz y podamos empezar a negociar el horario que los maestros merecen y el sistema educativo necesita.

  Una jornada, solo de mañana, de 18 horas lectivas dentro de las 25 de estancia en el centro (no 30 como ahora), además de las horas trabajadas en casa hasta cumplir con el marco legal, igualaría a todos los cuerpos docentes y le daría a la educación infantil y primaria el impulso que necesita. Sería la forma más eficiente de engarzar las necesidades del sistema con la disponibilidad de los maestros para atender dichas necesidades.

  A los tradicionales quehaceres de preparar clases, corregir exámenes y organizar actividades se les suman otras muchas tareas como la atención más fluida con padres y madres, la gestión de la Plataforma Rayuela, los proyectos de formación e innovación para adaptarse a las necesidades de los alumnos y de los centros cada vez más informatizados y la burocracia creciente que padecen tanto los equipos directivos como como los docentes en general. Un horario que diera respuesta a estas necesidades y que contemplara, además, horas de guardia es un paso muy necesario si queremos afrontar con garantías los desafíos educativos que nos vienen.

  Los centros deberían tener un incremento en su plantilla funcional para poder facilitar la implementación del horario propuesto. Un maestro de apoyo por cada tres unidades, un maestro de apoyo para CEIP incompletos y la reducción de itinerancias sería muy importante si queremos caminar con paso firme hace el éxito educativo.

  Esa es la razón por la que el Sindicato del Profesorado Extremeño (PIDE), único sindicato de la pública, lleva promoviendo, desde hace 10 años, la iniciativa «Horario del siglo XXI para los maestros extremeños». Ha llegado el momento de negociar un nuevo horario para los docentes de infantil y primaria en la mesa sectorial correspondiente, para hacer los cambios necesarios en el Decreto de desarrollo de la Ley de Educación, que nos lleve a un nuevo horario.

  El sindicato PIDE solicitó por primera vez por registro el día 1 de febrero de 2008 la convocatoria de una mesa de trabajo para debatir sobre un nuevo horario, pero no obtuvimos respuesta. A dicho registro le sucedieron otros muchos, además de campañas de recogida de firmas, vídeos y carteles para visibilizar la iniciativa. Y seguiremos insistiendo hasta que los jefes de la educación extremeña comprendan la necesidad de sentarse a negociar la mejora horaria que solicitamos.

  Disponer de un horario que atienda todas las obligaciones que actualmente el sistema educativo requiere proporcionaría al docente una gran capacidad para organizar, elaborar y planificar todo lo referente a la tarea docente y otras labores adyacentes que redundarían en beneficio del alumnado.

  El arte debe tener un espacio necesario en el nuevo modelo horario que se propone. La educación artística contribuye al desarrollo integral y pleno de los niños al enriquecer y realizar un gran aporte cognitivo en el desarrollo de sus habilidades y destrezas, como el emprendimiento, la diversidad cultural, la innovación, la creatividad, la imaginación, la curiosidad, la inteligencia... Conduce a la formación de la personalidad, la confianza en sí mismo, el respeto y la tolerancia. Es un medio para el desarrollo dinámico y unificador del alumnado y, por tanto, se debería aumentar su carga lectiva garantizando la continuidad de la Educación Artística (música y plástica) en todas las etapas de la enseñanza. La educación artística enlaza directamente con los intereses de los niños ¿cabe una herramienta educativa más potente? Digamos que el arte podría ser el latido que mantuviesen vivas, en forma, las capacidades cognitivas necesarias para afrontar cualquier reto.

viernes, 8 de marzo de 2019

Enanas a hombros de gigantas. Por Raúl Fernández Martínez. Publicado en el Periódico Extremadura


  En el año 2018 España se situó a la vanguardia del feminismo mundial con una movilización sin precedentes contra la desigualdad de género en todas sus vertientes: brecha salarial, discriminación y violencias machistas. Conscientes de que aquel masivo 8-M abría un nuevo período histórico, numerosas organizaciones sindicales han vuelto a insistir, con diferente acento, en la importancia de la huelga y de las movilizaciones, mientras que otras, que no la apoyaron en 2018, se han sumado al carro del feminismo de la cuarta ola. El tiempo dirá si se confirma el alcance masivo de este nuevo período de la lucha feminista; pero no debemos olvidar que estamos hablando de un movimiento histórico que se remonta a mediados del XVIII con ilustradas como Olympe de Gouges o Mary Wollstonecraft.

   El feminismo es hoy un movimiento de masas que interpela a todo ser humano sensible al sufrimiento ajeno. Segmentos cada vez más amplios de la población se solidarizan con el sufrimiento de las mujeres, dado que hemos conseguido identificar su causa que no es, ni más ni menos, que el mismo tipo de barbarie contra la que Occidente lleva luchando más de tres siglos. Hoy nos estremece saber que los padres solían llevar a sus hijos pequeños a presenciar imágenes de torturas y ejecuciones públicas. El rechazo de esa cultura de la violencia sobre los cuerpos, brillantemente descrita por Foucault en Vigilar y castigar, forma parte también del rechazo mayoritario a cualquier tipo de violencia contra el cuerpo femenino.

   Esta toma de conciencia ante el sufrimiento de las mujeres bebió de las fuentes del Nuevo Testamento y de una sus variantes secularizadas, el utilitarismo de la Ilustración, que protestaba contra el sufrimiento innecesario y carente de sentido que se infringía a los seres humanos. El feminismo, en todas sus variantes, simboliza el progreso de una civilización que reconoce el rasgo de humanidad inherente a todas las personas, sin importar el sexo, la ideología, la clase social, la raza o la orientación sexual. Forma parte, en definitiva, del respeto a la vida y a la integridad humana.

   Numerosas fuerzas reaccionarias están intentando convertir al feminismo en una ideología política. Si a finales del XX Daniel Bell o Francis Fukuyama sentenciaron el fin de las ideologías, en la actualidad nos quieren hacer creer que todo es ideológico, incluida la condena del sufrimiento que experimentan muchas personas por el hecho de nacer mujeres. La lucha universal contra todo tipo de barbarie, como la que representa ese machismo que discrimina y mata, no tiene nada de ideológica, por mucho que algunos quieran desactivarla subsumiéndola dentro de la lucha partidista por el poder. El feminismo representa el movimiento de esa historia viva que avanza rebelándose contra la injusticia. Todos nosotros, pertenezcamos al sexo masculino o al femenino, suframos discriminación laboral o no, estamos llamados, en tanto que seres humanos, a secundar la huelga del 8 de marzo.


 RAÚL FERNÁNDEZ MARTÍNEZ
 Profesor de Filosofía. Delegado de PIDE

jueves, 28 de febrero de 2019

La educación y la tecnología. Por Alfredo Aranda Platero. Publicado en el Periódico Extremadura


   Silicon Valley, en California, es el centro tecnológico por antonomasia; sin embargo, los hijos de sus empleados estudian en los centros educativos Waldorf donde no se utiliza la tecnología. Las tizas, la pizarra tradicional y los lápices y cuadernos de toda la vida son las puntas de lanza del sistema educativo elegido por los gurús de la tecnología; los dispositivos electrónicos, las pizarras digitales y los ordenadores no tienen cabida.

   Los trabajadores de Silicon Valley eligen para sus hijos una educación que se basa en la creatividad, las manualidades y la actividad física y no en la tecnología. Es contradictorio que los empleados de las grandes empresas tecnológicas desarrollen software de todo tipo, incluido educativo, pero no lo quieran para la educación de sus hijos, que deberán esperar hasta los 13 años para empezar a utilizar, y de forma muy controlada, ordenadores. Los que más entienden de tecnología la consideran perjudicial en las primeras etapas educativas.

   La virtud está, como siempre, en el término medio: lo tecnológico tiene que convivir necesariamente con lo analógico; complementar de forma eficiente las experiencias sensoriales que proporcionan ambas posibilidades dará al niño la perspectiva necesaria para no caer en una dependencia tecnológica que lo aleje de una evolución natural, donde las experiencias vividas y compartidas que el niño necesita para su maduración (la estimulación intelectual, artística, artesanal…) no estén comprometidas.
   Esta coexistencia hace inevitable el entendimiento entre lo tecnológico y lo analógico; pero no es tan sencillo porque muchos progenitores permiten que sus hijos pasen muchas horas delante del ordenador, de la tablet o del teléfono móvil, cayendo en un bucle peligroso que puede aislar al niño socialmente y hacerlo dependiente de una realidad paralela. Dejar al niño a su libre albedrío para que utilice la tecnología el tiempo que desee es también una forma de apostatar de la obligación que tienen los padres de velar por el bienestar de sus hijos; poniendo la excusa (de no tener tiempo) al nivel del argumento para lavar su conciencia.
   La educación tiene dos actores principales: el profesor que enseña y el alumno que aprende, y todo lo demás son aditivos que se han ido sumando a lo largo de tiempo y que conforman una estructura compleja que puede enlentecer o entorpecer, si no se dota al sistema de la organización necesaria, la comunicación entre docente y discente. Por tanto, todo aquello que pueda entorpecer el canal de comunicación, que pueda entumecer la estimulación intelectual y artística o que pueda dificultar la necesaria socialización del escolar, debe pasar una evaluación previa rigurosa para establecer criterios claros y pedagógicamente sensatos para introducirlo en el sistema y que encaje dentro del puzle organizativo del hecho educativo. 

   Cuántas veces hemos visto ordenadores o impresoras abandonados en un rincón del centro durante meses o, por el contrario, para no defraudar a un país de extremos, todos enchufados y utilizados porque sí, sin ningún tipo de planificación que realmente los hiciera necesarios.

   El intento de evidenciar los pros y los contras de la tecnología en la educación quizá me convierta en un infiel a los ojos de la inteligencia vaporosa del que transita por los extremos con un funambulismo experto cuyo equilibrio no es más que el reflejo de un espejismo singular. La efervescencia termina siempre por desvanecerse; sin embargo las evidencias son perdurables y la perspectiva del tiempo las señala, las entroniza, para evitar que tropecemos dos veces en la misma piedra pese a la tendencia que tiene el ser humano a repetir los errores y que forma parte de carácter identitario.

   Cuando un arquitecto diseña un edificio hay un trabajo previo, un proyecto, donde se hacen los cálculos necesarios para que la construcción no se desplome, es un proceso colaborativo que empieza con el diseño y termina con la ejecución y entremedias existe el peritaje que se cerciora de que todo va conforme a lo planificado. No estaría mal que el sistema educativo participara de una estructura de funcionamiento similar, porque la educación tiene mucho de construcción.

*Vicepresidente de PIDE.

lunes, 28 de enero de 2019

Educación, el antídoto del miedo por Alfredo Aranda (vicepresidente del Sindicato PIDE). Publicado en el Diario Hoy

  Las artes hacen a las personas más felices y creativas; las humanidades, más libres; las ciencias, más completas y la educación física, más sanas; sin embargo, la religión las hace dependientes, sometidas a ritos atávicos y a ceremonias plagadas de artificio. La religión no busca la verdad, impone su verdad: te dice qué creer y cómo.

  Aún recuerdo el «yo confieso» que, alguna vez, cuando iba de niño a la iglesia, muy de tarde en tarde, oía atónito con una cadencia rítmica turbadora. Era algo así como: «Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa», y proseguía con aquello de «pecar de acto, obra, pensamiento u omisión»; vamos, sin escapatoria posible. De hecho, me daba miedo acudir a la iglesia porque todo el que pasaba por allí parecía sentirse culpable de algo, pecador desconsolado necesitado de confesarse para poder seguir viviendo. 

  El miedo, siempre el miedo. Todo pesado y medido para encadenar a perpetuidad la voluntad de la gente y para que esto sea posible, tienen que cincelar ese miedo desde la infancia, cuando la mente está tierna y es más influenciable porque, de lo contrario, la manipulación pierde eficacia.
¿Libertad o miedo? La educación es el antídoto que previene el miedo. Quien no esté atormentado por la culpa y el pecado, siempre elegirá la libertad. Pero el miedo es poderoso; ha sido, desde el inicio de los tiempos, el arma con la que se ha dominado el mundo, con la que se ha doblegado la voluntad del ser humano, con la que se ha pretendido mantener a la libertad oculta.
Hoy, por fortuna, es posible ser libre si te deshaces del miedo; pero, no obstante, para compensar esta realidad desestabilizadora del atávico statu quo imperante en siglos, se utilizan las aulas como púlpitos para seguir manteniendo el pulso al pensamiento libre y que este no termine por despertar al individuo.

  El aula no debe ser la atalaya desde la que predicar la palabra y promover la confesión, no es el sitio adecuado para adoctrinar, para llevar a cabo la misión evangelizadora que, con dinero público, tiene lugar en centros concertados y, de forma menos evidente, también en los centros públicos.
Educar no es evangelizar es, exactamente, lo contrario. Las aulas tienen que ser lugares donde se forme a personas libres para que, cuando sean adultos, puedan tomar sus propias decisiones. Manipular la educación para fines aviesos es una de las formas más terribles de maltrato. 

  El adoctrinamiento ideológico, ya sea en el plano religioso o político que se lleva a cabo durante la infancia es el más efectivo, dado que el niño asume del entorno familiar, escolar (social, en definitiva) lo que ve de forma acrítica y lo imita como una imposición del entorno. Todo gobierno debería impedir que se utilizara la educación para dirigir el pensamiento de los alumnos hacia horizontes diseñados para entorpecer, cuando no aniquilar, el pensamiento libre.

  La educación tiene que formar a ciudadanos autónomos e independientes, con espíritu crítico y dueños de su propia voluntad para elegir; emancipados, en una palabra, del rancio paternalismo que persigue controlar la voluntad de la gente a través de la religión y del sometimiento a los poderes fácticos, de todo orden, que pretenden convertir al individuo en un producto con el que especular.
Es evidente que los centros concertados, la mayoría de confesiones religiosas, tienen una misión evangelizadora que los aleja de los principios de libertad y autonomía crítica que tienen que regir la educación. En la escuela pública estos principios están más protegidos; aunque, en los tiempos que corren, también están en peligro.