miércoles, 7 de noviembre de 2018

Solo pública. Por Alfredo Aranda Platero. Publicado en el Periódico Extremadura

   Los representantes sindicales de los docentes de la concertada, algunos de ellos dicen también representar a la pública, reclaman igualdad con los profesores y maestros que trabajan en el sector público de enseñanza; pero que esa igualdad no pase, por una selección de personal que respete los principios constitucionales de igualdad, mérito y capacidad; eso solo para la pública.
No olvidemos que la educación concertada es un negocio sostenido con fondos públicos y, como cualquier negocio solo busca su propio beneficio; de hecho, además de estar subvencionada con dinero de los impuestos, también reciben dinero de las familias por diversas vías: pago de actividades, venta de material de todo tipo (libros, chándales…), donativos, etc. Si un colegio privado-concertado recibe subvenciones públicas para que la enseñanza sea gratuita no debe cobrar ni un euro a las familias y la Administración debe velar porque así sea.

   En la mayoría de los centros concertados investigados por la OCU las familias tenían la obligación de pagar alguna cuota (500 euros anuales de media). En alguna ocasión hemos hecho referencia a este estudio de la OCU que concluyó que los colegios concertados son un 70% más caros que los públicos.

   Siempre repetiré, hasta la saciedad, que la educación pública es la única garante de la igualdad de oportunidades y de la cohesión social, porque es democrática, no ideologizada, integradora e inclusiva, donde todos los alumnos son atendidos por igual: niños con necesidades educativas, alumnos de diferentes etnias, razas, cultura, etc. ¿Asume esa diversidad la enseñanza privada-concertada?

   Casi todos los centros concertados son religiosos y como tales tienen, entre sus objetivos, una clara misión evangelizadora (predicar la fe) que cumplen con deleite vocacional, pero con dinero público. Es un contrasentido, de proporciones planetarias, que un gobierno de un país aconfesional y que se proclama, a la mínima ocasión, de izquierdas financie con el dinero de todos la catequización de infantes que no pueden, por sí solos, oponerse a ningún tipo de adoctrinamiento religioso o político.

   La educación pública tiene alumnos y la privada-concertada tiene clientes. La diferencia es aterradora. Es una realidad palmaria que no encontrarás un centro privado en una zona donde haya pocos alumnos, pocos clientes; a esas zonas llega lo público, porque la educación de todos no busca beneficios económicos, pretende objetivos más altos.

    No olvidemos que la libre elección de centro de la que habla la Constitución, y a la que tanto aluden los defensores de la educación concertada, está plenamente garantizada entre lo público y lo privado; la concertación es, simple y llanamente, una anomalía democrática. La familia que quiera que sus hijos se eduquen en un centro privado que sufrague con recursos propios su coste. Regalar dinero público para sostener negocios privados no debería estar permitido por el ordenamiento jurídico.

   En su momento propusimos a los Grupos Parlamentarios presentes en el Congreso de los Diputados, que presentaran una Proposición No de Ley para acometer los cambios estructurales necesarios para que la Educación Pública fuera la única financiada con dinero público. De tal forma que todos aquellos centros privados que quisieran beneficiarse del dinero público, deberían pasar a ser de titularidad pública; y los que no quieran formar parte de la red pública, que se mantuvieran con recursos propios.

*Vicepresidente de PIDE (Sindicato del Profesorado Extremeño).

jueves, 18 de octubre de 2018

Cargar con la culpa. Por Alfredo Aranda Platero. Publicado en el Periódico Extremadura

  La Consejería de Hacienda y Administración Pública se desvanece, se desdibuja, pierde la esencia aquella que se le presupone al gobierno que representa; la que en otro tiempo enalteció, según decían, su historia. El 20 junio asistimos, con incredulidad renovada, a un capítulo más de su deriva: la postración ante el lobby religioso, la genuflexión ante sus demandas ungidos, quizá, con el aceite milagroso que los distingue como colaboradores necesarios para alcanzar el objetivo altísimo de predicar la palabra allí donde las mentes tiernas, con autorización paternal, son preparadas para abrirse al «misterio».

  La Consejería Administración Pública deberá cargar con la culpa de que los docentes laborales de religión puedan ser tutores de grupos de ESO o de Bachillerato para compensar la carga horaria que han perdido, con respecto a cursos pretéritos. Perpetradores también de este disparate, coparticipes fatales, son todos los que aprobaron esta medida delirante en la Mesa General de Función Pública. Todos juntos, en un contubernio premeditado, como una Santa Compaña que avanzara arrasando a su paso cualquier resistencia al pacto.

  El pasado se nos revela presente con una intensidad que da pánico. Ese olor añejo que sigue alojado en muchos ministerios, consejerías y diputaciones y pegado todavía a las paredes de colegios e institutos, como mezclado con la misma argamasa que lo hace indisoluble a los tiempos del pensamiento libre. Ese olor, digo, arraigado por el atávico legado que inyectado en el mismo ADN, como un sórdido latido interminable, permanece, como si de una maliciosa información genética se tratase, imbricada para siempre en la estructura genética del individuo, impidiendo con ello la espiritualidad libre que anhela cualquier ser consciente.

  Los defensores de esta medida mienten cuando dicen que hay sentencias que avalan esta decisión. Si nos centramos en la sentencia del Tribunal Superior de Canarias dice, por ejemplo, que los profesores de religión que tengan la titulación adecuada y contratados indefinidos, que formen parte del Claustro, tendrán la posibilidad de ocupar un puesto directivo, pero, al no ser funcionario de carrera solo en aquellos centros educativos que por ser de nueva creación o por otras circunstancias no dispongan del profesorado que reúna tal requisito. De modo que es casi imposible que un profesor de religión cumpla con todos los requisitos. En cuanto a la tutoría solo el profesor que más horas imparta al grupo completo podrá ostentarla, y no son profesores de religión los que más horas imparten en un grupo.

  Pero no queda ahí la cosa, también se planea la posibilidad de desdobles en la clase de religión para bajar la ratio y así subir la necesidad de horas; desdobles que podrán, incluso, ser de grupos de 5 alumnos. Un desdoble de lujo que para sí lo quisieran las asignaturas reales; aquellas que enseñan, por ejemplo, a un grupo de 25 alumnos el origen de las especies, mientras en la clase de religión de al lado, con ratio favorecida, aleccionan sobre el pecado original.

  El pretender que el personal laboral de Religión complete su horario con funciones que no le son propias es quitar un espacio a los profesores que han conseguido su plaza como funcionario de carrera o su interinidad bajo los principios constitucionales de igualdad, mérito y capacidad. La preocupación que la Administración parece tener con el colectivo religioso, no la advertimos cuando los profesores de tecnología, filosofía, música… perdían horas, dado que en ningún momento se les compensó con tanta diligencia.

  Vaya por delante que nada tengo contra los profesores de religión. Estoy convencido de que realizan su labor de forma honesta; pero, seamos serios, no pueden asumir tareas que legítimamente deben realizar otros profesores. Siempre he dicho que la Religión debe estar fuera de la escuela, y lo mantengo, pero una solución intermedia para que los profesores de religión pudieran gozar de las horas necesarias de contrato para tener un sueldo digno, podría ser que dichas enseñanzas no estuvieran dentro del horario lectivo: o bien a séptima hora, o bien por la tarde como actividad formativa completaría, porque, en realidad, esa es su verdadera naturaleza.

viernes, 20 de julio de 2018

La tutoría religiosa. Por Raúl Fernández, en el PeriódicoExtremadura.

  El próximo curso escolar los profesores de Religión podrán ser tutores para compensar horas. Con esta nueva ocurrencia de la Consejería de Educación, la función tutorial vuelve a ser, una vez más, ninguneada. Y es que las tutorías, junto con otros elementos del currículo educativo como pueden ser la educación ética, la musical o la artística, las labores de gestión y de dinamización cultural de las bibliotecas, siguen siendo consideradas por nuestros gobernantes como monedas de cambio con las que rellenar horarios, meros instrumentos al servicio de intereses espurios que nada tienen que ver con el desarrollo pleno de la personalidad de nuestro alumnado.

  Al instrumentalizar la función tutorial, la Consejería de Educación del actual Gobierno de Extremadura compromete no sólo la calidad de la educación sino también el pilar fundamental de la convivencia democrática en la escuela y en la sociedad. Una de las grandes virtudes que atesora la educación pública es la defensa de las minorías y la celebración de la diversidad como elemento enriquecedor del aprendizaje y de la convivencia. ¿Qué ocurrirá cuando un docente religioso tenga que atender en sus tutorías a un niño que sufre bullying por ser afeminado, o a una alumna trans que lleva toda su vida escolar sufriendo por no identificarse con su sexo biológico? ¿Qué pasará cuando un tutor religioso, que defiende en sus clases que el aborto es un asesinato, tenga que atender a una adolescente que se ha quedado embarazada? ¿Qué información dará en relación con la planificación familiar y el uso de métodos anticonceptivos? ¿Qué labores de mediación realizará este tutor o tutora con la familia y con el Departamento de Orientación? ¿Cómo atenderá y comprenderá el sufrimiento del que sufre porque es diferente?

  Todas estas preguntas son pertinentes porque los obispos católicos, del que depende el puesto de trabajo de esos profesores que van a desempeñar funciones tutoriales, se han posicionado en contra de la Ley de Matrimonio igualitario, la Ley Orgánica de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo o la Ley LGBTI extremeña, leyes que brotaron de la soberanía popular y que defienden a minorías sociales que están presentes en todas nuestras aulas. ¿Qué harán los tutores religiosos, entonces? ¿Se convertirán en objetores de conciencia, como muchos de los alcaldes católicos que se negaban a casar a personas del mismo sexo? ¿Les dirán a los niños que sufren acoso homofóbico y a sus familias que hablen con Dios y guarden silencio?

  Todos los docentes, al margen de sus creencias morales y religiosas, deben hacer cumplir las leyes y, en especial, aquellas que protegen al alumnado y a sus familias de un sufrimiento innecesario. Proteger a las minorías a las que la Religión condena al ostracismo es hoy uno de los grandes objetivos de nuestro sistema educativo. No solo es ilegal no promover el cumplimiento de estas leyes en los centros educativos, sino que, además, infringirlas va en contra de los fundamentos éticos de nuestro sistema constitucional. Es necesario recordar, frente a la ignorancia ético-filosófica que ha promovido la LOMCE, que el filósofo John Rawls defendió en 1979 que la justicia es una cuestión de equidad y que solamente puede cumplirse cuando todas las personas tienen igual derecho al más amplio esquema de libertades fundamentales que sea compatible con un sistema similar para todos. En el caso que nos ocupa, esto solo puede conseguirse si la educación pública se encarga de defender las identidades minoritarias, entendiendo que las desigualdades económicas y sociales que afectan a nuestro alumnado tienen que estar dirigidas siempre para el mayor beneficio de los miembros más desfavorecidos de nuestras aulas. Las tutorías deben ser garantes de esta condición de la equidad educativa.

  ¿Quién velará, pues, para que el profesorado cuya fe religiosa está en contra de estas identidades diferentes y minoritarias sacrifique sus creencias personales para defender al alumnado más desfavorecido por su condición de género, de identidad o de orientación sexual?

jueves, 21 de junio de 2018

EducArte. Por Alfredo Aranda Platero. Publicado en el Periódico Extremadura

  La música es una poderosa herramienta transformadora; tanto es así, que estudios de varias universidades la avalan como beneficiosa para todos los órdenes de la vida: favorece, por ejemplo, la recuperación de pacientes con problemas físicos y emocionales, mejora las habilidades verbales, mejora el rendimiento académico…

  Quien aprendió, por ejemplo, la tabla de multiplicar cantando la recordará toda la vida; incluso si el alzhéimer se interpone entre sus recuerdos. De hecho, personas con esta enfermedad, que han olvidado hasta su nombre, son capaces de recordar la música y las letras que forman parte de su íntima esencia. Un estudio realizado por la asociación de Alzheimer de León, presentado en marzo de este año, concluye que los enfermos tienen una respuesta emocional evidente ante la música.
 
Si la música es capaz de sacar, por un instante, de la ausencia a quien padece esta enfermedad, si es capaz de extraer del fondo del olvido algún recuerdo y situar en los ojos, durante unos segundos, una mirada que no esté perdida en el más absoluto destierro de la consciencia; si es capaz de hacer todo eso, y más, deberíamos venerar la música, elevarla a los altares; que formara parte del currículo educativo con un peso horario acorde a su incuestionable importancia.

  También la pintura, la expresión corporal, las artes escénicas… tienen el mismo grado de excelencia que la música; pero, sin embargo, todas estas disciplinas se consideran, poco importantes, residuales, en la formación del niño. Mientras no cambiemos esta mentalidad difícilmente podremos acometer los cambios estructurales, que necesita el sistema educativo, para ponernos al nivel de otros países del entorno europeo en materia artística.
 
  La educación artística no tiene entre sus objetivos crear artistas, sino que persigue estimular los sentidos, fomentar la creatividad, estimular la memoria, el pensamiento lógico, la expresividad, mejorar el lenguaje… y todo ello con el componente de felicidad que, por añadidura, ofrece esta disciplina. Quienes permiten que la educación artística esté minusvalorada en el currículo no saben el mal que se le está haciendo a los alumnos y al sistema educativo; o lo que es peor, igual sí que lo saben y se las trae al pairo. Una sociedad avanzada y culta no puede permitirse obviar la educación artística como una herramienta insustituible, mientras dedica horas a la enseñanza de la Fe; que no es otra cosa que la creencia ciega, sin preguntas, en la existencia de un Dios, o varios según el caso, que lo creó todo por arte de magia; creencia que va acompañada, por supuesto, de normas, ritos, obligaciones, sometimientos… El arte libera, la religión constriñe. El arte debe estar en todos los ámbitos de la vida y la religión solo en el interior de las casas y de las iglesias.

  Nos queda mucho todavía para convertirnos en esa sociedad que deseamos ser, donde la educación pública y aconfesional tenga el tratamiento que merece. «Ninguna confesión tendrá carácter estatal» dice la Constitución en el artículo 16.3; pero, en realidad, seguimos presos de una realidad bien distinta. En España se «garantiza la libertad religiosa y de culto de los individuos» y esta puede ser ejercida, sin menoscabo alguno, en privado; sin embargo, transita por lo público «como Pedro por su casa».

  Dentro del necesario respeto que hay que profesar a las diferentes formas de pensar, tanto en lo político como en lo religioso, el gobierno debe garantizar también la aconfesionalidad real del Estado; de lo contrario, está contraviniendo la Constitución a la que se debe. Es una actitud cínica, como poco, esgrimir la Constitución para unas cosas y obviarla para otras; según interese.
Es un hecho incontrovertible que la importancia de las disciplinas artísticas transcenderá a aquellos políticos grises que tienen en su mano, pero no lo hacen, promover que en el seno del currículo la educación artística tenga el lugar que merece. Llegará el momento en que todo se coloque en su sitio; aunque, lo más probable, es que no lo conozcamos en esta generación.

*Vicepresidente de PIDE.

jueves, 29 de marzo de 2018

Los docentes interinos en el desfiladero. Por Alfredo Aranda Platero. Publicado en el Periódico Extremadura

El Gobierno del Estado y varias organizaciones sindicales firmaron, el 29 de marzo de 2017 (BOE 26 de marzo de 2018), el «acuerdo para la mejora del empleo público». Un pacto por el cual se van a estabilizar plazas docentes pero no a los interinos que las ocupan. Aquellos que consigan la plaza lo harán a través de la oposición «pura y dura»; estando sometidos, de este modo, a la subjetividad del proceso y a todas las circunstancias azarosas que sobradamente conocen los interinos.

Cualquier acuerdo de estabilización de empleo, por lógica, tiene que ir acompañado de un sistema para poder llevarlo a cabo: un sistema transitorio de funcionarización; porque dejar esta decisión al albur del gobierno de turno es como jugar a la ruleta rusa en cabeza ajena. De hecho tenemos ya el problema servido: el gobierno se niega a llevar a cabo una transitoria pues nada le obliga, nada han firmado al respecto; lo que han firmado ha sido otra cosa bien distinta.

Desde PIDE promovimos un oferta de empleo que fuera acompañada de un proceso transitorio para estabilizar a los interinos. Así se lo argumentamos a los responsables del MECD y de los partidos políticos, cuando nos reunimos con ellos junto con la FID (Federación Independiente de Docentes). Les dijimos que era prioritario estabilizar a los interinos a través de un sistema de oposición que además de contemplar el aumento del peso de la fase de concurso en la nota final, tuviera, necesariamente, exámenes no eliminatorios. Un sistema de acceso que fuese sensible con los docentes interinos y estudiar la posibilidad, incluso, de un concurso de méritos para no dejar en la calle a ningún interino. Posibilidad que contempla el Estatuto Básico del Empleado Público en su artículo 61.6 cuando dice: «Sólo en virtud de ley podrá aplicarse, con carácter excepcional, el sistema de concurso que consistirá únicamente en la valoración de méritos».

La oferta de empleo es amplia en todas las comunidades; por tanto –es obvio– muchos interinos obtendrán la plaza; pero muchos otros no la conseguirán porque se quedarán enredados en lo subjetivo y azaroso del proceso, y no llegarán al concurso donde poner en valor todo su bagaje de experiencia y formación. Los que se queden en el camino verán sus posibilidades de trabajo muy disminuidas, pues la necesidad de interinos para el próximo curso bajará drásticamente. Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que las próximas oposiciones serán un ERE encubierto cuyo alcance no sabremos hasta que pasen las oposiciones y podamos cuantificar el número de interinos que consigue la plaza, los que tienen la suerte de seguir trabajando al curso que viene en régimen de interinidad y los que se quedan, finalmente, en la calle.

Una vez que la oportunidad se ha perdido, una vez que la transitoria ha sido negada, queda pensar el futuro. El acuerdo firmado, sin transitoria, tiene un horizonte temporal de 3 años tras el cual es prioritario establecer medidas, esta vez sin escusas, para facilitar el acceso al funcionariado a los interinos que no lo hayan conseguido hasta entonces. En el contexto de la nueva Ley de Educación que se negociará, es determinante introducir una disposición transitoria, en el Real Decreto de acceso a la función pública docente, que establezca un proceso real de consolidación de empleo para aquellos interinos que no lo hayan conseguido en convocatorias precedentes y que dicho proceso de consolidación, añado, se convierta en ordinario para los procesos selectivos subsiguientes.

Por una parte, quieren poner en marcha un MIR docente (una majadería a todas luces) para que los aspirantes a profesor titular adquieran experiencia y, por otra, dilapidan la experiencia real y viva que tienen los interinos. Una incongruencia que no tiene explicación posible. En educación ya tenemos nuestro propio MIR y se llama interinidad, donde se aprende a ser docente fajándose en el día del aula; desconocer esta realidad demuestra el poco interés que tienen los políticos en todo lo que atañe al sistema educativo.

Lo congruente, lo lógico –el orden natural, digamos– es que los interinos, que ya conocen el quehacer docente, pasen a ser funcionarios de carrera. Y el gobierno, que debe velar por el bienestar de los trabajadores y la salud del sistema educativo, tiene la obligación de facilitar la funcionarización del colectivo de interinos.

miércoles, 24 de enero de 2018

Daños colaterales. Por Alfredo Aranda. Publicado en el Periódico Extremadura

Injusticia, desconocimiento y soberbia. Malas cualidades humanas que están llevando al desastre a tres familias sin que nadie mueva un dedo para evitarlo.

La injusticia

El abandono de tres funcionarios, por parte de la Junta de Extremadura, de la especialidad de «Organización y procedimiento de mantenimiento de vehículos» que perderán su plaza, ganada con honradez, tras una sentencia del Supremo. Perderán su condición de funcionarios pese a que la sentencia los reconoce como terceros de buena fe; dado que no fueron ellos los que destruyeron los exámenes de oposición (en el año 2010), fue la presidenta del tribunal. Sus notas fueron obtenidas sin mácula alguna y consiguieron la plaza de forma justa. La destrucción de los exámenes puede afectar al demandante pero, en ningún caso, debería perjudicar a los funcionarios que no tienen ninguna culpa de lo sucedido en el procedimiento selectivo de ese año. De nada valió que se pretendiera una solución pactada que no perjudicaba a nadie y que el TSJEx estaba dispuesto a avalar; la Junta de Extremadura dijo «no». De nada valió que en casos como el de las oposiciones impugnadas referidas anteriormente (según interpreta el magistrado José M. Chaves, de Asturias), el Tribunal Constitucional propicie una solución diferente a quitarle la condición de funcionarios a aquellos que obtuvieron la plaza legalmente; propiciando así su tutela como, por otra parte, debería hacer la justicia. La Junta de Extremadura también dijo «no» a esta interpretación de una justicia sanadora. A cuanta solución se proponía, la Junta de Extremadura decía «no».

El 16 de enero de 2018 el TSJEx notifica a los tres funcionarios (Francisco, Víctor y Heliodoro) que tiene que ejecutar la sentencia en sus términos al no haber acuerdo entre todas las partes o, dicho de otra manera, que todas las partes han firmado el acuerdo menos la Junta de Extremadura. La Sala de lo Contencioso estaba por la labor de aprobar un acuerdo transaccional entre todas las partes; y, como consecuencia de la inacción de la Junta de Extremadura, los opositores reconocidos por sentencia como de buena fe perderán la condición de funcionarios de carrera.

El desconocimiento

En estos casos el TC propicia, como el magistrado José Manuel Chaves aclara (Tribunal Superior de Justicia de Asturias), que los terceros de buena fe sean tutelados, evitando con ello la revocación de los nombramientos de funcionarios de carrera y dándole otra solución al conflicto. Las soluciones aportadas para evitar la injusticia, particularmente el acuerdo pactado, serían la solución perfecta. La Junta de Extremadura no ha tenido en cuenta el tiempo transcurrido desde la toma de posesión de los aprobados, así como la condición de inocentes y ajenos a aquellos que nada tienen que ver con la irregularidad cometida por el Tribunal Calificador.

El TSJEx se ha mostrado dispuesto a un acuerdo transaccional e, increíblemente, los responsables de Junta de Extremadura se han puesto de perfil, como si el asunto no fuera con ellos; decidiendo, de esta manera, no proteger a tres ciudadanos y sus familias que durante meses han rogado sensatez a la Junta de Extremadura sin conseguirlo.

Pretender deshacer una injusticia cometiendo una injusticia mayor es una concepción bárbara de la Ley que, afortunadamente, está dejando de estar vigente aunque en Extremadura esté muy presente.

La soberbia

Sería sanador para todos, que los responsables de la Junta de Extremadura reconocieran el error y admitieran que la solución puede ser otra; aquella que no perjudique a nadie; aquella que está sobre la mesa esperando a ser contemplada, firmada y enviada al TSJEx.

Reconocer las equivocaciones, los errores, y darles solución demuestra sentido de la justicia y altura intelectual; lo contario significa, tristemente, la imposibilidad de alcanzar una Ley libre y justa. Y, por extensión, la deshumanización de aquellos que juraron proteger a los ciudadanos cuando tomaron posesión de sus cargos.

La injusticia, el desconocimiento y la soberbia, como si de tres oscuros y aciagos mandamientos se tratase, son una lacra para la sociedad que quiere alcanzar altas cotas de calidad humana en la gestión de lo público.

martes, 9 de enero de 2018

Terceros de buena fe. Por Alfredo Aranda. Publicado en Eldiario.es

   Viernes 25 de junio de 2010, cinco de la tarde. Día cálido, sin llegar a ser bochornoso, como es habitual en estas fechas. Los opositores del tribunal único de la especialidad de “Organización y Procesos de Mantenimiento de Vehículos”, situado en el IES Javier García Téllez de Cáceres, empiezan el acto de presentación. Una vez concluido el acto; entregada la programación y citados para la realización, el día 28 de junio, del primer examen del proceso selectivo, se van para sus casas. Entre ellos están Víctor, Francisco y Heliodoro, que a la postre fueron los que obtuvieron plaza y que ignoraban, por aquel entonces, que toda una serie de infortunios caería sobre ellos más tarde.

   Pasados más de 7 años de las referidas oposiciones, y después de superar el curso de prácticas docentes y ser nombrados funcionarios de carrera en 2011 en sendas publicaciones en el DOE y en el BOE, y de tener destino definitivo por Concurso de Traslados, se encuentran, ahora, después de tantos años, a punto de perder la plaza por un hecho del que no tienen culpa alguna y que paso a relatar con la mayor claridad y brevedad posibles.

   En el proceso selectivo de 2010, en la especialidad antes mencionada, un opositor (le llamaremos, a partir de ahora, el opositor X) presentó una reclamación, tras concluir el proceso selectivo, por no compartir las puntuaciones obtenidas y por considerar que dichas calificaciones fueron producto de la enemistad que la presidenta del tribunal y él se profesaban. El opositor X interpuso un contencioso administrativo que, a la postre, vino a descubrir que los exámenes fueron destruidos por el Tribunal.   En este punto hay que decir que dichos exámenes debieron entregarse, según marca la convocatoria, en el Registro habilitado por la Consejería para este menester; y ni se entregaron por parte del tribunal, ni se reclamaron por parte de la Administración para cumplir con el deber inexcusable de guarda y custodia.

   El hecho de la destrucción de los exámenes dio alas al contencioso de opositor X y el Tribunal Superior de Justicia de Extremadura y el Tribunal Supremo declara nulo el proceso de oposiciones. Pero la sentencia, hay que dejar claro este aspecto, en ningún momento duda de los opositores que obtuvieron plaza, más al contrario los considera opositores de buena fe.

   Y Vara, ¿dónde está? ¿Dónde está el Presidente pacificador y dialogante que se esfuerza en aparenta? ¿Por qué no evita que tres familias inocentes se queden en la calle? Parece que, en este grave asunto, ha dejado entrever su verdadera naturaleza; se ha quitado la careta, podríamos decir, y se muestra con un presidente ausente. Se ha negado a recibir, de forma reiterada, a los tres agraviados; a tres ciudadanos que, con cargas familiares, se asoman al abismo. Desvió, eso sí, su responsabilidad en otros, en responsables educativos, que recibieron a los tres funcionarios en su nombre. Durante algún tiempo todo parecía que iba a reconducirse, al menos, esa era la sensación que transmitían, en un principio, aquellos que, en nombre de Vara, recibieron a los tres funcionarios y a sus abogados.

   Pensaron, pensamos (yo también me incluyo) que la solución era posible, pues otros procesos selectivos impugnados en Extremadura no perjudicaron a los que obtuvieron plaza. Recuerdo el caso, por ejemplo, de la exconsejera de Sanidad que, siendo consejera, convocó las oposiciones  de “cirugía general y aparato digestivo” a las que ella misma se presentó obteniendo la máxima puntuación; lo que provocó recursos de alzada de otros opositores que llevaron a SES a anular la nota; pero, al final, el recurso interpuesto por la exconsejera prosperó y un juez le dio razón y, por consiguiente, no perdió su plaza. Podría nombrar otros casos como el de los enfermeros o el de los camareros limpiadores, cuya solución fue salomónica para todos. En todos estos casos la Consejería veló por los intereses de los aprobados de buena fe; pero en el caso las oposiciones de“Organización y Procesos de Mantenimiento de Vehículos” no han hecho nada, han dejado que tres familias caigan al abismo.

   Francisco, Víctor y Heliodoro pensaron que la Consejería, que el Gobierno de Extremadura, manejaría este asunto con la suficiente eficiencia para evitar que pagasen justos por pecadores pero, más al contrario, los responsables educativos, después de múltiples reuniones con ellos, con sus abogados, con representante sindicales, demostraron la poca disponibilidad de llegar a una solución consensuada por todas la partes. Se barajó la posibilidad de tratar este asunto como el gobierno de Asturias trató otro parecido. En Asturias se impugnaron las oposiciones de Educación Infantil, pero como se reconocía la buena fe de los opositores que obtuvieron plaza, el gobierno asturiano repitió la oposición de tribunal impugnado respetando a los que habían conseguido su plaza honradamente y ampliando el mismo número de plazas que el tribunal asignó en su momento. Rápido, limpio y justo.
Heliodoro, Víctor, Francisco y el opositor X, junto con sus abogados, llegaron a un acuerdo de solución para evitar la repetición de las oposiciones. Dicho acuerdo fue presentado ante la Sala del TSJEx quien emitió “Diligencia de ejecución de acuerdo transaccional”, dándonos a entender que el acuerdo pactado podría ser una solución satisfactoria para todas las partes, siempre y cuando estuviera ratificado por la Junta de Extremadura; pero, la Junta de Extremadura, escurrió el bulto. La inclusión en el acuerdo de la Junta hubiera solucionado el entuerto favoreciendo a todas las partes; sin embargo, incomprensiblemente, optaron por la opción que no beneficia a nadie.

   Como apunta el magistrado José Manuel Chaves (Magistrado de la Sala contencioso-administrativa del Tribunal Superior de Justicia de Asturias), en casos de la misma índole que el descrito y con sentencia firme, el TC propicia la tutela de los terceros de buena fe, rechazando la revocación de los nombramientos y buscando otra salida. Cosa que, en ningún momento, ha pretendido la Administración Extremeña, dejando sin plaza y a la deriva a tres opositores reconocidos, por sentencia, como de buena fe. 

   El magistrado Chaves, del que tantos deberían aprender, considera que en un caso de impugnación de oposiciones hay que tener en cuenta el tiempo transcurrido desde la toma de posesión de los aprobados, así como la condición de inocentes y ajenos a aquellos que nada tienen que ver con la irregularidad cometida por el Tribunal Calificador. Añade que “no puede perderse de vista el interés general en que el personal seleccionado esté capacitado y en no desbordar el gasto público”. ¡Qué falta hace en Extremadura la visión clarividente y justa del magistrado Chaves! No se puede impartir justicia cometiendo una injusticia mayor, como ocurre en la no solución que se ha dado, desde el Gobierno de Vara, al asunto de las oposiciones impugnadas de la especialidad de “Organización y Procesos de Mantenimiento de Vehículos”. 

   Los tres funcionarios de carrera han presentado “incidente de ejecución de sentencia” para evitar que les priven de las plazas ganadas honradamente. Intentando exponer al TSJEx que ellos, como opositores de buena fe, no pueden ser los paganos de la irregularidad cometida por el tribunal de oposiciones al destruir los exámenes. Y el TSJEx debería proteger, considero, a los terceros de buena fe que nada tuvieron que ver en todo el entramado descrito. 

   Esperemos que alguien de la Administración, finalmente, entienda aquello de “La equidad como garantía del tercero de buena fe en los procedimientos selectivos”; si así fuera, la justicia en Extremadura daría un salto cualitativo a la altura de la región que los ciudadanos se merecen.

jueves, 9 de noviembre de 2017

El bilingüismo en los tiempos del ‘brexit’. Por Alfredo Aranda. Publicado en El Periódico Extremadura

    
     El 23 de junio del pasado año el Reino Unido decidió por referéndum –y por sorpresa–salir de la Unión Europea, para lo que establecieron un periodo de transición de 2 años; lo que no queda claro es si el idioma también se lo llevan. La UE tiene veinticuatro lenguas oficiales y de trabajo, porque 24 son los diferentes idiomas de sus integrantes. La lengua inglesa fue presentada como oficial, ante la Unión Europea, solo por el Reino Unido lo que, en teoría, la dejaría fuera de la UE salvo que, por ejemplo, algún país anglohablante de la Unión saliera al rescate.
     Sea como fuere, es evidente que el brexit no tendrá efectos sobre el bilingüismo. El mayor enemigo del idioma es, en el caso de Extremadura, nuestra Consejería de Educación que sin ningún consenso decide iniciar un modelo idiomático «de bajo coste», imitando al impuesto, con mano de hierro, en la Comunidad de Madrid y que ha venido a demostrar, con el paso del tiempo, que ha supuesto un empobrecimiento de contenidos y un perjuicio para las materias no lingüísticas impartidas en inglés; y todo esto sin conseguir una mejora constatable en el dominio de la lengua inglesa.

    En países como Finlandia un alumno que termina la secundaria tiene un dominio elevado de inglés. Algo tendrá que ver, digo yo, que en Finlandia cuando un alumno se retrasa salten las alarmas y los recursos materiales y humanos empiecen a funcionar como un reloj bien engrasado, cosa que en España es imposible dado que no hay dinero suficiente –o eso dicen, vete tú a saber– para atender, por ejemplo, con profesorado de apoyo específico y recursos adaptados, las dificultades de los alumnos de forma individualizada o, en su caso, bajar las ratios de los centros o hacer los desdobles necesarios.
    Es inadmisible que la Administración no haya analizado, en los foros de debate correspondientes, los diversos enfoques a la hora de elegir el método más adecuado para la promoción del idioma. ¿Por qué no se pensó en un modelo que incluya auxiliares de conversación en todos los centros, desdobles, bibliotecas, intercambios de estudiantes, laboratorio de idiomas, campamentos de inmersión lingüística en verano o en fines de semana subvencionados por la Junta? Simplemente porque la promoción del idioma tal como lo han concebido es mucho más barato que otros enfoques y menos complejo. Y por si fuera poco, el dislate es de tal magnitud, que el sistema imperante lo aplican al revés; si en su momento se hubiese empezado por Educación Infantil (y no por los cursos altos de primaria), hoy, es probable, que los resultados fueses otros muy distintos.
No faltan ejemplos de países que haciendo las cosas de otra manera consiguen que sus alumnos, al terminar la secundaria, tengan un alto dominio de una lengua extranjera. Es paradójico, no obstante, que sea Inglaterra el país en el que menos haya que fijarse, dado que los ingleses consideran que no tienen ningún motivo para aprender otros idiomas porque con el suyo, piensan, les basta; de hecho las lenguas extranjeras allí son materias optativas. De las diez primeras asignaturas cursadas por los alumnos ingleses de secundaria ninguna es de un idioma extranjero; el estudio de idiomas, simplemente, no les interesa y las autoridades educativas de allí no hacen nada por evitar esta ruptura con los idiomas extranjeros.
    Enseñar inglés introduciendo vocabulario específico de ciencias, matemáticas o historia no convertirá a ningún alumno en bilingüe. Cualquier idioma se aprende en situación de comunicación común, cosa que no ocurre en una clase de ciencias impartida en inglés. Y admitamos, para seguir adelante, que alcanzar el bilingüismo es una fantasía de nuestros gestores políticos; podremos aspirar a que nuestros alumnos tengan un buen dominio de una lengua extranjera, pero de ahí al bilingüismo hay un trecho de dimensiones planetarias; solo los ciudadanos que conviven, desde la infancia, en casa con más de un idioma podrán alcanzar a pensar en más de una lengua.
Mientras un alumno no domine su lengua materna con una alta corrección y tenga, además, un nivel excelente en un idioma extranjero (cercano, cuando menos, al bilingüismo real) es una estupidez utilizarlo como vehicular.

*Vicepresidente de PIDE.

viernes, 1 de septiembre de 2017

"La incertidumbre del interino" Por José Antonio Molero. Publicado en El Periódico Extremadura


  Interino/a: «Dícese del que ejerce un cargo o empleo por ausencia o falta de otro». Del latín Interim: «Entre tanto, en el intervalo, a veces».

  Una vez más el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española da una definición acertadísima de una situación laboral. Pero tanto el diccionario de la Real Academia como la administración educativa obvian un aspecto fundamental en esta descripción: El factor humano.

  Se olvidan de la persona que ejerce ese empleo, de la problemática que conlleva trasladarse de un día para otro a una localidad distinta a la tuya. Se olvidan de que algunos son padres o madres, de que tienen familia, de que de ellos dependen otras personas.

  La incertidumbre asoma con la llegada del verano, corroe al interino, es como la espada de Damocles «¿trabajaré o no trabajaré el próximo año?», «¿dónde me enviarán?», «¿cuándo me incorporaré?», «¿podré renunciar?», «¿qué hago con mis hijos?, ¿me los llevo o se los dejo a los abuelos?»... y así cientos de preguntas pasan por la mente del interino.
 
  Incorporarse a un nuevo puesto de trabajo implica muchos cambios, muchas decisiones por tomar, algunas de ellas de manera precipitada. El suplicio comienza leyéndose las bases de la convocatoria, intentando comprenderlas. Para ello ves los vídeo-tutoriales en internet sobre cómo rellenar la instancia. El sufrimiento continúa cuando cumplimentas la solicitud de destinos, siempre con un mapa delante pues a modo de tortura has de conocer de antemano las distancias desde cada uno de los pueblos y ciudades de Extremadura hasta tu casa.

  Luego te planteas una posible renuncia para lo que necesitas saber qué van a elegir los que están por delante y detrás de ti en las listas, te lanzas y lo preguntas en el foro, pero la gente prefiere no comentar sus decisiones… y después de todo este martirio te comunican que tienes que incorporarte tal o cual día en ese pueblo que te suena pero, así por lo pronto, no sabes por dónde cae.

  En fin… un largo camino poco saludable para el estado de ánimo de un trabajador temporal que en más de una ocasión hace que se cuestione su vocación a pesar de que para llegar hasta aquí ha tenido que invertir mucho tiempo, esfuerzo y dinero.

  La administración educativa se ha convertido en una gran gestora de interinos. La cantidad de estos es desmesurada.

  Pero como administración debe tener la sensibilidad de que sobre todos ellos existe una carga angustiosa de lo que vendrá, tanto para los que trabajan como para los que no, para los que se incorporan próximamente o para los que esperan a ser llamados. Y todo esto a corto plazo, pues mirando hacia el futuro la incertidumbre se multiplica ante la limitada oferta pública de empleo, ante la posibilidad de que sus especialidades no estén incluidas en la futura convocatoria de plazas docentes.

  Todo este gran problema tendría una fácil solución que sería cumplir la normativa en cuanto al número de interinos, dicho cupo se sitúa entre el 7% y el 10% del personal y no del 30-35% que hay en la actualidad. También ayudaría un decreto de interinos adaptados a la realidad educativa extremeña, con una zonificación adecuada, con un respeto por las oposiciones aprobadas sin plaza, por la experiencia del trabajador… por una serie de factores que busquen la estabilidad de estos trabajadores.

  Y a todo esto, me pregunto si el informe Pisa dirá algo con respecto a este sufrido colectivo. Ah… no, del negocio de los interinos se encargan otros. Pero eso lo dejaremos para otro día.

  * Delegado del Sindicato Pide

sábado, 22 de julio de 2017

"Deberes, cuando la verdad duele". Por Alfredo Aranda. Publicado en El Periódico Extremadura

  Parece que a Joaquín León, presidente de la FREAPA-CP, le ha molestado que en un artículo que publiqué en este diario, dijera que parece no representar a las asociaciones de padres por cuanto que su intensa campaña de abolición de los deberes no ha sido secundada, como él esperaba, por los padres (ni por los alumnos, ni por los docentes). En la hondura de su disgusto yace, pertinaz, la realidad de los resultados de las encuestas sobre los deberes; que avalan las tareas escolares como necesarias y que, además, muestran con claridad meridiana que los problemas que hay que solventar son otros por mucho que algunos pretendan culpabilizar a los deberes de todos los males.

  Prosigue su discurso asegurando que soy incongruente porque nuestro sindicato se abstuvo en el dictamen final de las recomendaciones, sobre los deberes, del Consejo Escolar. PIDE participó en los debates de la Comisión Permanente y muchas de nuestras demandas aparecieron en el dictamen final, pero no todas las que hubiéramos querido y, congruentemente, nos abstuvimos.


  Desde el inicio estuvimos en contra de los cuestionarios, no del debate; porque considerábamos, y seguimos considerando, que se ponía en tela de juicio la «libertad de cátedra» de los docentes, pero no porque esta sea intocable, como dice Víctor Bermúdez, miembro del Consejo Escolar, de forma jocosa ensimismado en su propio ego filosófico, sino porque lo recoge el artículo 20 de la Constitución.

  Pese al posicionamiento inicial de PIDE decidimos participar en el asunto, dado que pertenecemos a la Comisión Permanente del Consejo Escolar de Extremadura, con la intención de mejorar el documento final (cosa que hemos hecho) y ser testigos de cómo se sucedían los acontecimientos. Con esta actitud, crítica pero constructiva, conseguimos introducir algunas mejoras (no todas lo que hubiéramos deseado), salvaguardar la libertad de cátedra de los docentes y, acto seguido, abstenernos para ser coherentes dada la equidistancia entre nuestra posición inicial y lo conseguido posteriormente. Es así de sencillo y de coherente.

  El representante de la federación de padres considera que no hay ningún problema en evaluar al profesorado. Pero es que las encuestas en cuestión, seamos serios y sinceros, no evaluaban al profesorado, evaluaban la idoneidad de los deberes; tergiversar la verdad tiene poco recorrido y más en cuestiones de este calado.

  Prosigue el presidente de la FREAPA-CP diciendo que ellos quieren que baje la ratio alumno-profesor, que se han manifestado contra la LOMCE y contra las reválidas y que PIDE no ha estado en esa lucha. Es del todo inaceptable que alguien diga, de espaldas a la verdad, semejante cosa. PIDE ha estado luchando contra la LOMCE y contra las reválidas con una contundencia incontestable y de eso los profesores son conscientes.

  Hemos dicho en infinidad de ocasiones que los deberes, mandados en su justa medida y siendo de calidad, no suponen ninguna carga para el niño, más al contrario sirven para asentar conocimientos y crear hábitos de estudio; nada más y nada menos que «conocimientos y hábitos», que son la base fundamental para construir con éxito la vida académica de los alumnos.
Solo al final de su artículo, el dirigente de la FREAPA, acierta en su discurso: es necesario el debate. En eso, sin duda, estamos de acuerdo. Un debate que implique y afecte a toda la comunidad educativa, también a los padres y madres; dado que hay algunos progenitores, pocos espero, que piensan que los niños son de su propiedad y que están exentos de pasar ningún «examen de buena praxis educativa».

  Los padres, madres o tutores legales tienen la responsabilidad, y la obligación (que no es opcional), de educar al niño dentro del respeto, la empatía, el cariño… y cubrir sus necesidades físicas e intelectuales, para que así asuman su responsabilidad para consigo mismo y con los demás. Hay muchos niños, y eso lo sabemos todos, que no tienen un control óptimo por parte de sus padres y esto les puede llevar a sucumbir a influencias negativas. A muchos progenitores les cuesta interactuar con sus hijos y no por falta de tiempo, sino de sintonía con ellos. ¿Quién evalúa a las familias para que cumplan con su parte de responsabilidad? Porque en el cumplimiento de esta responsabilidad, está gran parte del éxito que después los docentes tendrán con los grupos de alumnos. Pues bien, debatámoslo todo, evaluémoslo todo… y no solo a los docentes.

* Vicepresidente de PIDE

sábado, 15 de julio de 2017

"Los deberes, los puntos sobre las íes". Por Alfredo Aranda. Publicado en El Periódico Extremadura

  El despropósito adquirió dimensiones preocupantes. Al principio parecía un disparate puntual, sin más; pero luego no tardó en llegar la alarma cuando determinados dirigentes y activista de algunas organizaciones (pocas, en realidad; pero pertinaces en su cruzada), empezaron a enturbiar el ambiente con reflexiones malintencionadas en contra de los deberes escolares, demonizándolos y culpabilizándolos de todos los males. Sin embargo, el gatuperio con el que querían embarrarlo todo y dividir a la sociedad ha demostrado ser una estrategia torpe: los argumentos engañosos, en ocasiones, se vuelven contra quienes los utilizan.

  Pensar que los males del sistema se espantarían, por arte de magia, eliminando los deberes, es una concepción simplista de la realidad educativa extremeña y demuestra, además, un gran desconocimiento de los verdaderos problemas que afectan a nuestro sistema educativo: falta de inversión, alta tasa de abandono escolar y de repetición, conductas disruptivas en el aula…
   Sin embargo, algunos grupos de presión, consiguieron liar a la Asamblea de Extremadura para que, finalmente, se hiciera una «encuesta-referéndum» sobre los deberes; con la intención de que el resultado de la misma validara su posicionamiento minoritario en contra de los deberes escolares; y así, con el respaldo del desenlace del sondeo, poder completar con éxito su enconada lucha encaminada a proscribir los deberes.

  Sin embargo, los alumnos y los padres, junto con los docentes, han puesto los puntos sobre las íes, han dado una lección a aquellas organizaciones, y a algún que otro francotirador, que querían abolir, a toda costa, los deberes escolares. Y es que el resultado de las encuestas que realizaron alumnos, padres y profesores, a instancias del Consejo Escolar de Extremadura, es claro: un porcentaje alto los dejaría como están, otro porcentaje nada desdeñable los racionalizaría un poco y solo un porcentaje bajo los quitaría; por tanto, nada nuevo bajo el sol.

  Ya dije en múltiples ocasiones, en artículos de prensa y en otros foros, que no hacía falta gastar tiempo y dinero para llegar a una conclusión que era obvia. Los deberes son necesarios y deben ser racionalizados y de calidad, que valgan para construir y asentar conocimientos; y, así, el alumno podrá conciliar la vida escolar y lúdica con naturalidad. Pero los ‘erre que erre’ no se daban por vencidos y querían abolir los deberes, defenestrarlos, guillotinarlos, quemarlos en la plaza pública cual bruja malvada que aterroriza a los niños y les quita la infancia.

  Siempre me sorprendió que las asociaciones de padres quisieran suprimir los deberes; pero no eran las asociaciones, ahora ya lo sabemos, era una cruzada personal del presidente de la FREAPA-CP que, a las pruebas me remito, tiene poca sintonía con las asociaciones, y con los padres, que dice representar.

  En resumidas cuentas: que todo seguirá como hasta ahora; simplemente que desde el comité de expertos, que ha hecho el trabajo previo, y desde el Consejo Escolar de Extremadura, que rematará las conclusiones, se darán una serie de recomendaciones, sobre los deberes, a los docentes que estos valorarán en su justa medida. Pero queda claro que los docentes pueden hacer lo que consideren dentro del ámbito de su competencia y con el aval de su libertad de cátedra.

  Cada grupo de alumnos es diferente, cada alumno dentro del grupo es distinto, cada materia tiene unas necesidades específicas, cada tema de trabajo supone esfuerzos diferentes para asumir sus contenidos… No se puede encorsetar la labor de los docentes, inmiscuirse en sus planteamientos y programaciones.

  Han pretendido monitorizar la actividad de los profesores, decidir cómo tienen que impartir su docencia, menospreciar su implicación y su profesionalidad… pero lo que se ha demostrado es que los docentes, la inmensa mayoría, saben bien qué tienen que hacer en sus clases, cómo tienen que proceder para sacar del alumno el máximo rendimiento. Lo que falta, en realidad, es una mayor implicación de las autoridades educativas dotando de personal y recursos a los centros para que puedan enfrentarse, con garantías, a las dificultades diarias; y una mayor implicación, por añadidura, de toda la comunidad educativa en la educación de los alumnos y, de esta manera, conseguir entre todos las mejoras que el sistema educativo pide a gritos.


* Vicepresidente de PIDE.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Pruebas LOMCE o los “distractores” de la educación. Publicado en el Diario Hoy. Por José Antonio Molero



Pruebas LOMCE o los “distractores” de la educación

El tiempo es oro. ¿Qué duda cabe? Pero cuando se trata del tiempo de nuestros estudiantes sometidos a la presión académica, cuando están cerca los exámenes finales, cuando se están jugando su futuro… ese tiempo que se dedica a otras cosas puede llegar a provocar grandes estragos.
Siempre hablamos de los “distractores” internos (aquellos que dependen del individuo: el sueño, el hambre, los problemas familiares, los conflictos personales…) y de los externos (las redes sociales, los móviles, el ambiente de trabajo, el entorno…). También hablamos de las causas que los provocan. Sin embargo, en pocas ocasiones nos paramos a pensar en las distracciones que nosotros, como docentes, que la administración y, en general, que el sistema educativo podemos llegar a crear. Nos hemos convertido en un causante más de la distracción que sufren nuestros alumnos.
De todos es sabida la necesidad de la evaluación, sin duda alguna es uno de los pilares de la educación. Desde el momento en que esto es así es absolutamente imprescindible que se haga de una manera rigurosa, precisa y ajustada a la realidad, pero sobre todo, siempre y cuando sea necesaria.
En estos momentos estamos sufriendo la obsesión de la LOMCE y de su parisino artífice por evaluar. Tenemos evaluaciones para todos los gustos, para alumnos de tercero de primaria, para alumnos de sexto de primaria, para los de cuarto de la ESO, para bachillerato, en fin… un amplio espectro evaluativo que hasta nuestros alumnos, con tanto chequeo, se han convertido en auténticos profesionales de la evaluación, como si no tuvieran bastante con los que hacen a lo largo de todo el curso.  Esto me lleva a pensar para qué sirven unos u otros. ¿Estamos duplicando el proceso evaluativo? Porque, de hecho, todos los docentes evalúan a sus alumnos trimestral y anualmente.  ¿No basta con esto?
         Mucho se ha hablado ya de los propósitos de estas evaluaciones. Para algunos, pruebas esenciales en el proceso educativo; para otros, oscuras herramientas de calificación. Pero lo que están demostrando una y otra vez es que son un auténtico estorbo en el día a día de las aulas.
         Raro es el año en el que no vemos algún escándalo en torno a estas pruebas. Creo recordar desde filtraciones de exámenes, hasta el uso de exámenes sin licencia del autor e incluso el plagio de alguno de ellos. Pero este aspecto, al fin y al cabo, solo denota la calidad y el sentido de estos controles.
         Esta situación se complica aún más cuando los resultados tocan el prestigio de los centros. ¡Aquí es donde duele! Todos queremos que nuestros hijos estudien en los mejores centros, y ahora con la abundante oferta en nuestras ciudades, las empresas que se dedican a la educación a través de conciertos con las administraciones es donde se la juegan. ¿Y qué hacer para quedar bien en las pruebas? Practicar, practicar y volver a practicar… hasta que los estudiantes sean expertos en exámenes, aunque esto conlleve grandes lagunas curriculares. Se abusa del tiempo dedicado a la preparación de estas pruebas, solo con el objetivo de que el centro quede entre los mejores.
Muchos se escudan en la necesidad de participar en el famoso informe PISA. Recordemos que este informe lo elabora, aunque auspiciado por la OCDE, un holding de empresas que evalúa a quienes los contratan. De algún modo esto me recuerda a las agencias de calificación bancaria como Standard & Poor’s que puntuaban de forma negativa a los países que no contrataban sus servicios.
Sea como fuere, en estos días en que nos encontramos en medio de las pruebas de primaria, secundaria y bachillerato me surgen algunas preguntas sobre su finalidad: ¿Son para el alumnado en general? ¿Son para los alumnos en particular? ¿Son para los centros? ¿O simplemente meros “distractores”?


José Antonio Molero Cañamero
Delegado del Sindicato PIDE

viernes, 12 de mayo de 2017

Dinero público, educación pública. Publicado en El País. Por Alfredo Aranda (Vicepresidente de Pide)

La Constitución española garantiza en su artículo 27,5 el derecho a la educación y la creación de centros docentes (los que sean necesarios, añado).

Es, precisamente, la falta de centros docentes públicos lo que llevó, hace más de treinta años, a concertar unidades con centros privados para abarcar la demanda existente de puestos escolares que, por aquel entonces, excedía la oferta pública. De hecho la concertación nació con el único objetivo de concertar unidades solo allí donde la educación pública no llegara. Una vez que la red pública se ampliara y abarcara, por tanto, la demanda de escolarización los conciertos dejarían de ser necesarios. Pero después de más de tres décadas la realidad es otra y los conciertos con los centros privados (que nacieron oficialmente con la LODE en 1985) siguen aumentando, incumpliendo el objetivo primigenio. Y todo como resultado de los 40 años de retraso que trajo la dictadura franquista, y que conllevó un parón en seco de los niveles de escolarización por la «medievalización» que trajo a la sociedad y, como consecuencia, una desatención de la red pública de educación. Sin dictadura las necesidades de escolarización hubieran ido creciendo con el paso de los años, al mismo ritmo que en otros países europeos, y la red pública se hubiera ido adaptando, extendiéndose, para dar la respuesta necesaria. La concertación como está concebida en España es, básicamente, una anomalía democrática, un anacronismo, producto de 40 años de oscuridad, que ya no tiene sentido.

Hay centros públicos agonizando por falta de alumnados mientras se conciertan centros privados próximos

Por una parte tenemos un claro incumplimiento constitucional dado que la red pública sigue siendo insuficiente y, por otra, una concertación indiscriminada que rompe el principio de concertar solo allí donde no llegue la educación pública. Nos encontramos con centros públicos agonizando por falta de alumnados mientras se conciertan unidades con el centro privado de al lado, y esto lo hicieron y lo siguen haciendo gobiernos de derechas y de izquierdas.

Los defensores de la educación concertada se aferran al argumento demagógico de subsistencia de que la concertación responde al principio constitucional de libertad de enseñanza. La libertad de enseñanza debe ejercerse solo entre lo público y lo privado y, por tanto, está asegurada. El Estado debe garantizar una enseñanza igualitaria, neutra y laica, alejada de cualquier adoctrinamiento. Solo la educación pública puede garantizar estos principios por lo que debe ser la única financiada con fondos públicos.

En Europa más del 90% del alumnado está escolarizado en centros públicos, sin embargo en España ronda el 70% y, en ciudades como Madrid o Barcelona, lo concertado supera a los públicos.

Un estudio de la OCU concluyó que los colegios concertados son un 70% más caros que los públicos

Los centros concertados deberían desaparecer o ir transformándose en públicos, para ello nuestra organización sindical, PIDE (Sindicato del Profesorado Extremeño), ha instado a los Grupos Parlamentarios presentes en el Congreso de los Diputados, a presentar una Proposición No de Ley para acometer los cambios estructurales necesarios para que la Educación Pública sea la única financiada con dinero público. Tenemos la convicción de que el dinero público se debe emplear en lo público y no en mantener negocios privados, de lo contrario lo que se está haciendo es malversar el dinero del contribuyente.

Lo que nuestra organización sindical ha solicitado es, grosso modo, que las sustituciones o vacantes de los centros concertados se cubran por interinos de las listas públicas, y que las jubilaciones (o cualquier nueva plaza) se oferten en el concurso de traslados para los profesores funcionarios de carrera.

De esta manera los centros concertados irían transformándose en públicos, y los profesores de dichos centros tendrían asegurado su puesto de trabajo hasta la jubilación, ventaja que ahora no tienen (aunque su condición administrativa sería distinta a sus compañeros de oposición).

En este nuevo escenario que se plantea, el centro concertado que no aceptara dicha proposición dejaría de recibir las subvenciones públicas y pasaría a ser un centro estrictamente privado, financiándose con la cuota de los padres de los alumnos que estuvieran escolarizados en dicho centro.

No podemos olvidar que los costes de la enseñanza concertada, superan de largo a la pública. Un estudio de la OCU llegó a la conclusión de que los colegios concertados son un 70% más caros que los públicos. En la mayoría de los centros concertados investigados los padres tenían la obligación de pagar alguna cuota (500 euros anuales de media). La gratuidad de la enseñanza que promulga la constitución debe ser respetada por todos los centros sostenidos con fondos públicos, y la Administración tiene la obligación de velar porque así sea.

Alfredo Aranda Platero es vicepresidente de PIDE (Sindicato del Profesorado Extremeño).

viernes, 28 de abril de 2017

"Alumnado y reivindicaciones docentes" por Raúl Fernández. Publicado en el Periódico Extremadura

  El 20 de abril, las escuelas concertadas se manifestaron en contra del nuevo decreto de conciertos de la región. Según las informaciones difundidas por los medios, 25.000 estudiantes se movilizaron con sus profesores en los 63 centros concertados de Extremadura, portando globos blancos y apoyando la lectura de un manifiesto redactado por el colectivo de Escuelas Católicas de Extremadura. Como no puede ser de otra manera, el profesorado de la escuela privada-concertada tiene, como cualquier trabajador, el derecho a manifestarse para defender sus intereses legítimos. Asimismo, les asiste el derecho a informar a las familias para que éstas valoren si deciden o no unirse a sus reivindicaciones. Lo que no está tan claro es que, en horario escolar, deba involucrarse a todo el alumnado en una acción coordinada en defensa de la educación privada-concertada. En las fotografías que se han difundido en los medios puede verse cómo, en diferentes colegios, numerosos estudiantes (en su mayoría niños menores de edad) arropan a sus profesores en el patio del colegio. ¿Tienen estos alumnos la madurez suficiente para valorar si deben apoyar las reivindicaciones de sus maestros? ¿Fueron, por tanto, libres al hacerlo? ¿Se debe instrumentalizar a los niños para defender los intereses privados de la escuela concertada?
  Los límites del uso de la libertad de expresión y de manifestación del funcionariado son un viejo tema de debate. El filósofo Immanuel Kant creía que, para preservar el orden social, los funcionarios deben limitar su libertad de expresión y de manifestación en el ejercicio de sus funciones. Esto no significa que, en un contexto separado del ejercicio de la función pública, los ciudadanos no puedan expresar libremente sus opiniones.
  Si aplicamos esta máxima al contexto que nos ocupa, llegamos a las siguientes conclusiones: es evidente que el profesorado tiene todo el derecho a ejercer sus libertades fundamentales, tanto las relativas al ejercicio de la libertad de expresión y de manifestación como el derecho a huelga. Sin embargo, en el ejercicio de sus funciones docentes estas libertades tienen sus limitaciones. Por ejemplo, todo el mundo estará de acuerdo en que un profesor no debería usar sus clases para adoctrinar a sus alumnos en una ideología política o religiosa, máxime si son niños. Por esa regla de tres, un docente, si es honesto, debe dejar muy claro que una cosa son sus opiniones «personales» y otra el ejercicio de su magisterio. Tampoco es ético que un centro organice, como si se tratara de una actividad pedagógica más de obligado cumplimiento, un acto reivindicativo con todo el alumnado para presionar a la Administración y para influir en la opinión pública. Al menos en el horario escolar ordinario, los niños deberían estar al margen de estos actos.
  En el caso de la escuela pública, está meridianamente claro que existe una serie de limitaciones en el ejercicio de la docencia. ¿Cómo actuaría la Inspección si el profesorado usara, por ejemplo, la plataforma educativa Rayuela para informar a las familias de cómo el cierre de unidades de colegios públicos --ubicados en localidades donde hay colegios concertados-- afecta a la equidad educativa? ¿Sería lícito que, a la hora del recreo, se repartieran globos y camisetas verdes para fotografiar a todos los niños y difundir este material para defender la escuela pública? En democracia, todas las reivindicaciones tienen sus cauces y todos los derechos sus límites. No todo vale para conseguir un objetivo. En cualquier caso, los docentes deberíamos contribuir a garantizar la autonomía de nuestro alumnado frente al interés del profesorado, por muy lícito que éste sea. Porque no olvidemos que, de entre todos los grandes objetivos de la educación, está el de promover el libre desarrollo de la personalidad humana.


 Raúl Fernández
Delegado del Sindicato PIDE

lunes, 13 de marzo de 2017

Deberes escolares: “Vuelta la burra al trigo”. Por Alfredo Aranda

Deberes escolares: “Vuelta la burra al trigo”.
El jueves 9 de marzo de 2016 en “tribuna abierta” de El Periódico el Sr. Víctor Bermúdez Torres, miembro del Consejo Escolar de Extremadura, tachó la posición de PIDE en contra de los cuestionarios sobre los deberes de “rabieta sindical” en su artículo “Deberes, rabieta sindical y huelga educativa”.
Es preocupante que un miembro del Consejo Escolar, activista político y profesor de filosofía, como el Sr. Bermúdez tergiverse la realidad e intente menospreciar los argumentos de quien no está de acuerdo con él.
El Sr. Bermúdez dice no entender por qué no nos ha sentado bien la propuesta de regular los deberes y que parecemos, añade, “defender un modelo pedagógico más tradicional aún que el tardofranquismo”. Cuando alguien pasa al insulto, como ha hecho el Sr. Bermúdez, ya ha perdido la razón; acusar a un tercero de actitudes franquistas, tardofranquistas o neofranquistas es un insulto, dado que todos conocemos los desastres de la miserable dictadura que vivimos durante 40 años. Además alguien que defiende, como el Sr. Bermúdez, la religión dentro de la escuela es el menos indicado para acusar a nadie de actitudes franquistas, y menos a PIDE que ha defendido siempre que la religión debe salir de las aulas y que la educación pública debe ser la única financiada con dinero público. Exactamente lo contrario piensa el Sr. Bermúdez que, en la extraña deriva ideológica que ha emprendido, parece haberse hermanado con los tradicionales posicionamientos ideológicos defensores de la religión.
Nos recuerda el Sr. Bermúdez que PIDE fue uno de los 8 miembros de la comisión de los deberes, por lo que le parece extraño la protesta sindical en contra de los cuestionarios. Efectivamente, Sr. Víctor Bermúdez, fuimos uno de los ocho miembros; se lo repito, 1 de 8; se lo reitero, un octavo (ese fue el peso de PIDE en la comisión). Poco más hay que decir.
El ínclito Don Víctor nos pregunta qué hay de malo en los cuestionarios y acusa a PIDE de un corporativismo ciego y dogmático. De la acusación no voy a invertir tiempo es defendernos porque viene del defensor de la religión en la escuela, por tanto de cegueras y dogmatismo el acusador va servido. Pero sobre qué hay de malo en los cuestionarios si debo expresarme. Los cuestionarios, como ya he dicho en ocasiones varias, son profundamente descompensados dado que todos los padres, todas las madres y todos los alumnos de los grupos seleccionados podrán participar, mientras que por parte de los docentes solo el tutor será escuchado. El resto de profesores serán silenciados. También hay que recordar, para los olvidadizos, que en la comisión permanente del Consejo Escolar de Extremadura, no se permitió hacer ninguna enmienda, lo que constituye un claro síntoma de imposición. Y añado también que en dichos cuestionarios no tienen ningún reflejo preguntas muy interesantes para una tipología determinada de padres, cuestiones que evaluaran la sobrecarga de actividades extraescolares a las que muchos padres someten a sus hijos, o el nivel de satisfacción con el resultado académico de sus hijos y su nivel de esfuerzo, o si conocen el funcionamiento del centro, si cuestionan la decisiones “disciplinarias” que los docentes toman con respecto al comportamiento de los alumnos, etc. Preguntas que evalúen a los padres y madres, dado que estos también tienen responsabilidad en el éxito o fracaso de los escolares. Polarizar la discusión entre deberes “sí” o deberes “no” es inapropiado, es una actitud maniqueísta que no lleva a solucionar ningún problema. Los deberes no son malos, otra cosa es que se utilicen mal, se manden deberes inapropiados o en cantidad excesiva. Pero ese es otro debate. Hay que partir de deberes “sí” pero añadiendo “según y cómo”.
Dice la sabiduría popular que no hay peor ciego que el que no quiere ver ni peor sordo que le que no quiere oír. El señor Bermúdez argumenta que los deberes hay que racionalizarlos, que es lo que vengo diciendo desde hace mucho tiempo y en muchos foros diferentes, pero parece que el Sr. Bermúdez ni ve ni oye.
Los deberes cuando son de calidad y racionalizados son beneficiosos para los niños. Eso quedó claro, en su momento, en el informe PISA. En 2014 un estudio de la OCDE demostró que en alumnos de 15 años los deberes eran positivos, aunque reconocían también la importancia de la relación estudiante-profesor, las tutorías personalizadas y el sistema educativo de la nación. En su día el informe PISA concluyó que los deberes son una oportunidad más para el aprendizaje, pero que había que buscar fórmulas para evitar las desigualdades socioeconómicas de los alumnos desfavorecidos. Resulta muy difícil, inútil podríamos decir, convencer a alguien de que vea lo que no quiere ver. Aunque no pierdo la esperanza del que el Sr Bermúdez abandone el maniqueísmo al que parece estar asido con inusitada fuerza, y desista de actitudes inmovilistas y cínicas en las que con tanta naturalidad se nueve, y empiece, por fin, a entender que las cosas no son blancas o negras, y que en la gama de grises reside, normalmente, la razón.
En realidad el Sr. Bermúdez y yo estamos de acuerdo en más cosas de las que puede parecer a primeva vista. Estamos de acuerdo en que es conveniente racionalizar los deberes y que estos sean de calidad, coincidimos en lo perjudicial que es el exceso de ratio y la falta de medios y, en líneas generales, ambos convenimos que la LOMCE hay que derogarla. Pero no estamos de acuerdo en otras cuestiones: él quiere la religión dentro de la escuela, yo no; él quiere los cuestionarios sobre los deberes aunque estos silencien a la mayoría de profesores, yo no; él recela de los deberes con contumaz insistencia, yo no…Al margen de coincidencias y divergencias, lo sano es debatir y enfrentar ideas para llegar a un punto de encuentro. Y si esto lo hacemos con la mente abierta y desde el respeto, mucho mejor.

Alfredo Aranda Platero
Vicepresidente de PIDE

lunes, 6 de marzo de 2017

"Cuestionarios sobre los deberes: Cuando la manipulación se viste de democracia" por Alfredo Aranda (vicepresidente del Sindicato PIDE). Publicado en eldiario.es

  Pretender espantar los males de la educación poniendo el punto de mira en los deberes, como si estos fueran el demonio que aterroriza la vida de los alumnos es, como poco, de una inmensa simpleza y de una profunda irresponsabilidad.
  Los alumnos que efectúan tareas en casa obtienen mejores notas (un hecho reconocido no solo por el informe PISA) y, por tanto, los deberes no son malos «per se». Otra cosa es el tipo de deberes y el tiempo recomendado según la edad del alumno; pero ese no es el debate que, desde ciertos colectivos, se pretende abrir. Lo que se persigue es que los deberes desaparezcan de la vida diaria de los alumnos.
  Los que persiguen la supresión de los deberes nos comparan, reiteradamente, con Finlandia a la mínima oportunidad, pero se olvidan de que en Finlandia también se mandan deberes para casa (un mínimo de 2,5 horas semanales). También se olvidan de que en Finlandia las ratios en las asignaturas instrumentales son muy bajas, que la inversión educativa es mucho mayor que en España, que hay profesores de apoyos en cantidad suficiente, que tienen todo tipo de recursos, que el respeto a los profesores es enorme, etc. Es como comparar un huevo con una castaña. En España solo los docentes dan la talla y compensan con su trabajo y calidad las deficiencias de un sistema educativo mediatizado ideológicamente por el gobierno de turno.
  Desde PIDE coincidimos con quien denuncia que el modelo pedagógico actual tiene una sobre carga de contenidos absurdos, tareas repetitivas que no llevan a nada y demasiados exámenes.  Por eso y por otras cosas apoyamos la huelga del día 9 contra la LOMCE (como hemos hecho siempre), y lo hacemos con la ilusión y  la esperanza de que una nueva Ley de educación, consensuada por todos, pueda solucionar de una vez los males atávicos que han arrastrado las 8 leyes de educación que hemos tenido en 40 años.
  Centrar el debate en los deberes es un país donde la inversión educativa es de las más bajas de Europa y donde las conductas disruptivas de los alumnos son de las más altas, es una pérdida de tiempo además de constituir la contratación fehaciente del profundísimo desconocimiento que ciertas asociaciones tienen del sistema educativa autóctono y de sus bondades y maldades. En todos los países europeos se mandan deberes para casa; ese debate ya se abrió hace años, por ejemplo, en Francia y no supuso, en modo alguno, ningún cambio al respecto. Solo en un contexto idílico de enseñanza individualizada y sin las dañinas disrupciones los deberes tendrían menos peso y, con todo, también seguirían siendo necesarios.  
  Los cuestionarios sobre los deberes escolares que finalmente se han aprobado en la comisión permanente del Consejo Escolar de Extremadura con el único voto en contra de PIDE, no solo suponen una injerencia en la actividad docente, sino que también constituyen una clara claudicación del Gobierno de Extremadura ante presiones interesadas.
  Los cuestionarios nacen, de entrada, con la intención torticera de servir de excusa para poner en tela de juicio la labor de los docentes. Y lo hacen además con una batería de preguntas que esconden una clara manipulación y, por si fuera poco, con una descompensación intolerable. De tal forma que únicamente el tutor (4º de primaria y 2º de ESO) podrá hacer dicha encuesta, mientras que todos los padres y madres de dichos cursos, así como todos los alumnos, tendrán acceso a la misma. El resto de profesores que imparten el grupo serán silenciados.
  No contentos con este despropósito y para evitar que nadie pueda entorpecer el objetivo ilegítimo que persigue dicho cuestionario, no se permitieron enmiendas en la comisión permanente del Consejo Escolar de Extremadura. Podemos decir utilizando un lenguaje jurídico, si se me permite la licencia, que dichos cuestionarios están viciados de nulidad.
  Se echan de menos preguntas que, seguro, serían incómodas para  una tipología concreta de padres y madres como, por ejemplo, si están satisfechos con el rendimiento de sus hijos, si creen que sus hijos se esfuerzan lo suficiente, si apoyan las decisiones de los docentes con respecto al comportamiento de sus vástagos, si muestran su contrariedad o alegraría según sean los resultados escolares, si premian con regalos a sus hijos independientemente de que saquen buenas o malas calificaciones, si sus hijos pasan mucho tiempo delante del ordenador o del móvil, si conocen el funcionamiento del centro y tienen una relación fluida con los profesores, etc. En definitiva preguntas que evaluarían la labor como padres y madres, porque también tiene mucho que ver con el éxito y el fracaso de los escolares. Sin embargo este tipo de cuestiones no estaban previstas en el guion.
  Tampoco interesa saber si los padres sobrecargan a sus hijos con actividades extraescolares, ni si consideran los deberes de calidad como imprescindibles para la evolución curricular de sus hijos, ni si los deberes suponen una compensación por la falta de recursos educativos, etc. Para que un cuestionario sea solvente, serio, tiene que partir primero de un equilibro entre participantes y, después, contener preguntas que lleven a un diagnóstico real de la situación. Ninguna de las premisas se cumple con los cuestionarios aprobados en la comisión permanente del Consejo Escolar de Extremadura.
 
  Los deberes cuando son de calidad y racionalizados, en su justa medida (adaptados en cantidad y complejidad a la edad del niño), fomentan la creatividad del  alumno y, por tanto, tienen un extraordinario potencial educativo. Pretender hurtar al alumno de este apoyo es entorpecer gratuitamente la evolución del discente en su objetivo de ir alcanzando con éxitos los retos educativos que se le presentan a cada paso.
  Este impostado debate sobre la idoneidad o no de mandar deberes para casa es una clara amenaza tanto para la evolución educativa de los alumnos, como para la libertad de cátedra de los docentes (hoy quieren decidir sobre los deberes, mañana querrán también decidir sobre el atuendo que deben llevar los profesores al centro). Es tan delirante el asunto como si, por ejemplo, una asociación de pacientes arremetiera contra los médicos para que estos no mandasen ejercicios de rehabilitación o instrucciones para sanar sus males más allá de lo que ocupa el tiempo de consulta.
  Al final lo que conseguirán es hacer un daño gratuito al alumno y, por extensión, al sistema educativo. La comunidad educativa debe abrir un debate sobre las carencias y dificultades del sistema educativo: falta de inversión, falta de recursos materiales y personales, promover la dignificación de la labor docente, establecer estrategias para reenganchar a los alumnos objetores educativos que son los causante de las disrupciones en el aula que tanto perjuicio causan al transcurso de las jornadas escolares, etc. Este es el verdadero debate y dejémonos de “marear la perdiz” porque al final se cumplirá ese viejo refrán español que dice: “Entre todos la mataron y ella sola se murió”.